lunes, 19 de diciembre de 2011

Navidad

Tengo un problema, lo reconozco. No me gusta la Navidad.
No es que no me guste el concepto de la Navidad en si mismo. Lo que realmente me molesta es la hipocresía palpable de estas fechas. Nos dicen por todos lados que hay que comprar cosas, que nos tenemos que poner jerséis con renos, que hay que ser solidarios y bla bla bla.
Pero lo cierto es que yo tambien me uno a esa hipocresía, y es lo que me sienta tan mal. Dejarme llevar por todo el ambiente "festivo".
En 140 caracteres, un sacerdote decía: "El problema de la Navidad no proviene de lo mucho que esperamos de ella, sino de que no esperamos gran cosa".
Y vamos si no tiene razón!
Quiza si le dieramos la vuelta de tuerca a las cosas, todo sería distinto ¿no? Con un poco de fe y esperanza en los demás, esa hipocresía que vemos, o nos parece ver, se transforma sin ningún tipo de reparos en una oportunidad, en Navidad, para empezar el año nuevo con buenos propósitos y con ánimo de cambio.
¿Por que no dar esa oportunidad? ¿Que nos lo impide?
Puede que no le demos a la fiesta todo el sentido religioso que debiéramos, pero implícitamente, manteniendo esa ilusión, esa esperanza de que realmente ha nacido el salvador y que absolutamente todos podemos cambiar, creo que nos acercamos bastante a la idea de Navidad.
Estaba intentado buscar una foto de mi nacimiento chachi piruli que ponía cuando era pequeña, con las montañas, el musgo, el río, el pozo, los pastorcillos, el camino por donde venían los Reyes Magos... Bueno, mi Nacimiento que ocupaba el hueco entre el sofá y la estantería, pero no encuentro ninguna.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El dolor

Porque las personas sonrientes y felices también sufrimos, aunque no lo demostremos siempre. Todo el mundo pasa en algún momento de su vida por algo doloroso, y este texto de Marta Rivera de la Cruz que escribió en su libro "En tiempo de prodigio", resulta una realidad bastante acertada a lo que algunos hemos pasado.
Pero como todo en la vida, se supera y se sigue adelante. Y es como dice ella: El dolor es una estación de paso. Mientras que la felicidad es una forma de viajar.

El dolor es una estación de paso. Un lugar de tránsito donde a veces no queda mas remedio que detenerse antes de seguir el viaje. Ojalá hubiese podido renunciar a ese apeadero, pero no fue posible. El dolor no invita. Aparece, sin más, y entonces no queda otra opción que hacer un alto en el camino y enfrentarse a la certeza de que nada podrá ser igual, que el resto del viaje se ha visto alterado por esa parada intempestiva, por esa parada indeseable, por esa parada que ha tocado en suerte. Qué ironía, llamar suerte al roce mezquino de la desgracia, al contacto íntimo con la aflicción. Qué estúpido resulta llamar suerte a la desventura.

El dolor elige con los ojos cerrados a quien le corresponde interrumpir la marcha y conocer un territorio incógnito regido por reglas distintas, por normas particulares, donde nada de lo que sabemos sobre la vida nos resulta de provecho. Existen muchos lugares comunes que en principio deberían ser de ayuda para orientarnos en el dolor, y, sobre todo, para salir de él. Pero ni las frases hechas, ni los buenos consejos, ni las recomendaciones resultan demasiado útiles. Ni si quiera la colaboración de quienes ya han estado allí, al otro lado de la frontera. Frente al dolor, en el dolor, uno siempre se encuentra solo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

hay que ver

Hoy es uno de esos días en que me dejo seducir por aquellos discos que tenía cogiendo polvo en la estantería. Recuerdo años fantásticos, el año 2000 y el año 2003. Por supuesto el gran, el memorable, y el nunca envejecido "El viaje de Copperpot" de mi gran: La oreja de Van Gogh.
Desde las primeras notas de Cuídate, pasando por alto Paris, hasta los tick tack en la pared del Bonustrack. Cursi pero fresco, con ritmo, La oreja de siempre, mi Oreja. No lo puedo evitar, soy fan desde el 99, desde la primera vez que oi El 28 del tambien mítico Dile al sol.
Siempre quise ser "La chica del gorro azul" y poder decirle a la soledad: "Siempre fuiste fiel, transparente fe. Los mayores dicen que de ti me enamore". O simplemente reirme de la Bruja Avería con un peculiar vegetal, como la cebolla hace llorar. Pensar cuando te acercas a mi pelo y decirte que tengo tantas cosas que contar...

En cambio del año 2003, mi disco reflexivo por excelencia es: ¿Que pides tu? de Alex Ubago. Ñoño donde los haya, para aquellos días en que deseas cosas inalcanzables, o días en que simplemente estas enamorada. Nada tiene que ver que colabore Amaia Montero en este disco en que me guste. Me conquistó con la canción que da nombre al disco en un recopilatorio, que creo que quedo rallado por esa canción hasta que decidí comprarme el disco y dejarme enamorar por este cantautor que le dedicaba canciones a su novia.
La verdadera pena de este chico es que quisiera cambiar de estilo, y que todos aquellos que le seguimos en su momento nos sintieramos como si nos tomaran el pelo. Ahora ha hecho un grupo, creo.
Alex (anda! se llama como mi novio, acabo de caer) cariño, deberias de haber seguido tu linea de enamorado perdidito, que no puede vivir sin ella.

Dos grandes discos, un gran día...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Miscelanea

Cada detalle cuenta. Cada suspiro, cada segundo, cada sonrisa, cada beso.
Recreaba todas y cada una de las escenas en mi mente. Un sabor, un color, un olor.
Volvía a sonreir por cada una de ellas.
Una recreacion de los sentidos sin salir a ningun lado.

Paseaba por la orilla, agua cristalina, suave espuma en los pies... El pelo largo, ondulado de color cobrizo se movia al antojo del viento. Sonreía mientras se le erizaba levemente la piel. Miraba al horizonte.
El sonido de olas del mar contrastaba con el silvido del viento entre las hojas de los árboles... Otro momento perfecto que entraba por todos los sentidos.
Recordó aquel abrazo repentino, aquel beso detras de la oreja y la caricia del pelo. Nunca podría olvidar aquella estrella fugaz.

Entonces salí de mi ensoñación.

- ¡Cariño! ¿Por que sonries tanto? ¿Me estas escuchando?
- Nada, nada. -No pude evitar esbozar otra sonrisa.- Solo estaba pensando en mis cosas.
- Nunca sabré lo que te pasa por la cabeza.

Me encogí de hombros y seguí recogiedo la ropa. En realidad nunca sabra que recuerdo cada uno de nuestros momentos especiales como si fuera ayer.