sábado, 28 de septiembre de 2013

Canción de la semana

Vuelvo con otra canción de la semana. Un grupo que hace tiempo que dejó de existir, pero nos deja canciones para el recuerdo.
Ella Baila Sola - Que se me va de las manos


viernes, 27 de septiembre de 2013

Otoño

Estaba rozando con la punta de los dedos la hierba cuando oí aquel trueno. Bajé un poco más y empecé a notar la humedad de la tierra en mis pies.
El viento soplaba fresco, un poco susurrante, cuando volviste a mis pensamientos. El eco de aquel trueno me recordaba tantísimo a los ecos de tu risa por todo el campo que no pude evitar suspirar una vez más.
Llegaste Otoño, una vez más, y tu no estás, otro año más.
Todavía puedo verte dando vueltas con aquel vestido, con esa gran sonrisa, con ese hoyuelo tuyo tan gracioso.
¿Te acuerdas cuando te comparabas con una hoja que caía del árbol? Pues mirando al cielo he visto como ha caído la primera de este año. Ojalá estuvieras aquí para apreciar semejante instante. Aquella hoja no es distinta a las demás, es igual que muchas hojas que a la gente les molesta, que pisan por la calle, que apartan con la mano, que dejan en el parabrisas del coche o aquellas que recogen para secarlas. No, no es distinta. Es solo una hoja, pero la estaba viendo caer, por primera y última vez, suave, delicada, movida por el aire del otoño, se resistía a tocar el suelo, bailaba junto a tu recuerdo, alejándose lentamente de mi.
Pocos saben apreciar la belleza de aquel instante, como pocos saben apreciarte a ti. Pocos han disfrutado del brillo de tus ojos ilusionados mientras atropellabas palabras exagerando cada uno de tus movimientos. Pocos te han visto suspirar y sonreír como aquella vez. Pagaría lo que fuera por ver esa sonrisa, esos gestos de exaltación y verte alejándote como flotando, dando pequeños saltos.
Y tu risa, sobre todo tu risa, fresca, inocente, luminosa...
Pero lo cierto es que es Otoño, el trueno anuncia la lluvia y tu no estas. Recojo esos suspiros que he dejado por el camino recordando lo que me decías, que un día gris no podría quitarnos la ilusión. Que cuando así fuera, dejase que las gotas de lluvia mojasen mi cara y pensase cuantas veces llegamos empapados, con tu sonora risa, saltando en todos los charcos.
Otoño, otoño, otoño. ¿Me perdonas esta vez? Creo que va siendo hora de que llegue yo también, que vuelva a la realidad después de estas efímeras semanas. Volver al baile de letras y números, al miedo del papel en blanco. Volver a no dejarme conquistar por ti. Volver a lo de siempre una vez más.
No sigas suspirando por mi, la realidad es mucho mejor. Queridos sueños, esto es solo una pausa.

jueves, 19 de septiembre de 2013

A ti.

Y pienso si debería de sentirme culpable. Si acaso no pase el suficiente tiempo a tu lado. Si no fui capaz de quererte como me querías tu a mi.
Después de un año las lágrimas no tienen mucho sentido ya. Solo queda el recuerdo. Tus buenas palabras, tus sonrisas.
Pienso que igual era tu forma de ser, pasar desapercibido. Disfrutar de esos pequeños detalles, de vernos jugar desde el balcón, de vernos en la playa desde la barandilla. Saber de nosotros por carta, imaginarte que te contábamos mil cosas y que nos llenases de halagos.
Subirnos a un autobús dirección el centro, aunque me diesen igual las luces de Navidad. Solo quería ir contigo por ese Madrid castizo, por esa calle que tanto me hacías repetir: Carretas.

Me gustaba descubrirte. Me gustaba que imaginases que sería alguien grande. Me gustaba oírte a las 7 de la mañana haciendo tostadas. Me gustaba que por la noches te asegurases que tenía bien puesta la protección de la litera. Verte dormido en el balcón, no perdernos el discurso de S.A.R.

Teniendo en cuenta la distancia que nos separaba no puedo culparme de no verte más. Quizá un poco. Pero no del todo. Los últimos cinco años iba a mi cita contigo de los domingos. No puedo recordar un momento concreto de estos últimos años. Quizá la tarta de manzana que me comprabais. O cuando me decías que iba a llegar a presidenta del gobierno. Quizá todas esas conversaciones que me oías con mucha atención y no te atrevías a opinar o interrumpir.

Me acuerdo de ti oyendo la lotería, buscándola en los periódicos. No tengo muchos recuerdos, pero los tengo y todos buenos. Y eso me duele, no tener más. 25 años y pocos recuerdos tuyos, míos, de los dos. Siempre observando desde la distancia.
Me hubiera gustado saber que opinas de mi ahora, en este mismo instante. Seguramente estarías escuchándome todos los domingos. Y estarías contento como siempre. Y me dirías una palabra de aliento, te vería sereno, impasible, feliz, inmerso en tus pensamientos.
Me da pena no haberte conocido más. No haberte querido de otra manera, o igual no haberlo sabido manifestar cuando era necesario. Pero aquí estoy, queriéndote en la distancia, en el recuerdo. Intentando sonreír un día más.
Abuelo. A ti.

martes, 17 de septiembre de 2013

A mis fantasmas.

Me dices que me quieres y tengo que fingir que no me afecta. Te contesto lo mismo, aunque mi forma de querer no sea la misma.
Miro hacia otro lado. Esquivo tu mirada. Esbozo una media sonrisa. Otro día más.

Otro día más sin hablar. Otro día en blanco. ¿Como puedo reconocer que hace tiempo que no me haces sonreír?, ¿como reconocer que estamos agonizando? Llegué a pensar que no servía si no estabas junto a mi, que no sabía relacionarme con los demás y que solo era capaz de hacer las cosas mal. Que la causa de todas tus desgracias era mi incompetencia.
Y a pesar de todo decidí seguir  hacia delante. Decidí abrazarte y refugiarme entre las sábanas. Me encerré en las cuatro paredes de mi cuarto. Salía pegada a tu sombra. Guardando silencio en los numerosos desplantes, viendo como te ibas alejando, perdiendo, siguiendo otro camino. Aguantando las malas palabras cada vez que hablaba, quedaba o salía sin ti.
Y me dices que no te quiero. Y lo peor es que creerás que nunca lo he hecho. Aunque bajes la cabeza y digas que vamos a intentar las cosas, que si, que tengo razón. Un diálogo sin pies ni cabeza.
Sin analizar las causas, las consecuencias. Reprochando cosas tres días después.

¿Acaso es algo malo ver que no se puede avanzar? ¿de dónde voy a sacar la valentía para decírtelo a la cara? ¿de donde voy a sacar las fuerzas cuando te necesite como amigo y no puedas estar? ¿como voy a ser capaz de enfrentarme a la soledad que tanto he temido? ¿como podré mantener la cabeza alta pensando que he hecho algo terrible?
¿Como reconocer que necesito volar libre? No puedo mantener una farsa, una mentira, mientras pasa el tiempo. No puedo, no es justo. Hay que dejar marchar a las personas aunque duela. Aguantar el golpe.

Tengo que sacar la fuerza de algún lado para afrontarlo. Reconocer mi culpa y marcharme.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Canción de la semana

Vuelvo con la canción de la semana. Bien podía ser del mes, no he parado de escucharla. Me encanta.

Hemicraneal de Estopa.

Deja que la lluvia acaricie tus párpados 
y que la humedad se clave en tu sien, 
deja que esta noche tus pies anden descalzos, 
no los pares si empiezan a correr. 
Deja que el deseo por una vez se cumpla, 
deja que el silencio te susurre otra vez, 
deja que tu ausencia en una depresión se hunda, 
deja que el niño que llevas dentro vuelva a nacer. 

Deja que la gente pase a ambos lados sin tocarte 
y que el neón de la noche se clave en tu piel, 
deja que la duda que hay en tu mente no pregunte 
y que no se clave, que ni siquiera hable 
y que se muera solo por esta vez. 

Deja que los coches te salpiquen cuando pasen, 
que mojen tu risa, con su puta prisa antes de morder 
esa manzana envenenada por un jodido martes, 
que se pregunten que haces en la calle, 
que no se den cuenta de ese detalle. 

Que esto es un paseo como los de antes, 
el que nadie se busca, nadie quiere encontrarse, 
que todo se vuelca en un vaso vacío, 
que no hay más nostalgia que la de perderse. 
Si duele un recuerdo, te cura el olvido, 
si duele la cabeza, con Hemicraneal vale. 
si buscas ayuda, chungo, esta noche estoy solo conmigo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un juguete

La cuerda se tensa.
Y todo el mundo se digna a opinar lo que tienes que hacer con tu vida. Como si no tuvieras elección. Te dan lecciones de vida que ni ellos mismos son capaces de cumplir.
Te dicen que lo que te llena no te va a dar de comer.
Y ni si quiera eres capaz de explicarles que no buscas alimentarte. Que no buscas un premio al final del camino, que solo buscas hacer el camino. Un mejor camino. Acompañada.
Dejan caer entre lineas cosas que duelen, que buscas protagonismo, que dejas todo de lado, que ya no eres tu.

Y te encuentras de frente con una guerra ante la que callas y bajas la cabeza, pensando que así algún día pararán.
Perdonar, amar, sufrir. Intentar huir. Y vuelta otra vez, perdonar, amar, sufrir. Un círculo.

Ahora solo falta esperar. Esperar a romperme. O esperar a que mi voluntad sea más fuerte.
Penas ahogadas en los silencios. Tardes en casa. Semanas interminables. Coca-colas eternas. Sonreír. Fingir.
Oscuridad.