jueves, 28 de noviembre de 2013

Carpe Diem

Ayer un sacerdote me decía que no podía centrarme en el futuro que está por venir, que para hacer futuro tenía que centrarme en el presente. En el día a día.
Hoy, y cada día, Dios nos habla, nos llama a hacer algo. ¿lo hago? ¿o estoy tan pendiente de lo que viene que no le hago caso y me agobio y desespero?
Se que tengo que encontrar a Dios en mis apuntes, en mis rutinas, en las sonrisas, en los rayos del sol. Lo que antes no me costaba encontrar, ahora se me hace cuesta arriba.
Me agobia el futuro, negro, oscuro, sin red. Pero pensar en él no me ayuda a solucionar el presente.

¿Soy capaz de dar lo mejor de mi? ¿Soy capaz de acercarme todos los días a Dios un poco? ¿de tenerle presente cuando estudio?
Me decía que toda vocación empieza por las obligaciones diarias, del dominio de la voluntad, del acercamiento a Dios. Cumple con tus tareas, con tus cosas en casa, con tus apuntes, con tus amigos y encuentra a Dios en todo ello. Por Él, por ti. Porque día a día, discerniendo, es cuando se llega al futuro.

Aprovecha el momento, que mañana no sabes si podrás. Llora, ríe, ama, estudia, da gracias hoy, no te dejes llevar por el "me apetece", cumple hoy. El futuro siempre llega solo.
¿Que es lo que tienes que hacer hoy?

jueves, 14 de noviembre de 2013

Sensatez

Hoy escribía en twitter una frase de una novela que estoy leyendo: "La invocación de la sensatez es, muchas veces, una forma de hacer más digno el miedo."

Sensatez. Esa palabra me recuerda a tantas meteduras de pata. Siempre llega la frase de después: "si estuvieras callada". Pero si estuviera callada no sabría lo que vendría después, solo tenía que intentarlo.
Y lo sensato en estos momentos de mi vida es todo lo contrario a lo que estoy haciendo. Lo sensato, lo prudente, habría sido no tocar ningún aspecto esencial de mi vida, dejar que las cosas sucedieran, aguantar. Pero cuando te prometes a ti misma intentar ser lo más coherente con lo que sientes, es difícil no arriesgar. Solo hice lo que tenía que hacer, lo que yo sentía que tenía que hacer.
Maldita calma me digo ahora.

Por supuesto la sensatez me mira con esos ojos curiosos, irónicos, con su sonrisa burlona y me dice: ¿que piensas hacer ahora? estás patas arriba. ¿crees que ahora puedo poner un poco de orden en tu vida?
Pero ahora mismo, si dejase al miedo, a la sensatez, actuar estaría perdiendo una batalla contra mi misma.
Lo sensato sería cerrar el blog, o por lo menos dejarlo en pausa para un momento posterior en el que mi vida no sea un coladero por el que entrar a reventarme cualquier tipo de raciocinio que pudiera tener. Lo sensato sería abandonar la ciudad, tirarme de los pelos, montar en unicornio, hacer la croqueta y todo ese tipo de cosas normales que hace la gente normal, como tu y como yo. Vamos, lo que se dice huir, aunque lo que te hace huir lo lleves contigo.

Lo sensato sería parar en seco. Lo sensato es intentar alejar a la gente con malas formas. Lo sensato es no dejar que la gente sepa que te pasa por la cabeza. Pero lo cierto es que no soy sensata, soy borde, eso si. Pero soy borde por sensatez, por mecanismo de defensa. Traducido al lenguaje de la entrada, soy borde por miedo. Soy borde porque tengo que serlo. Soy borde porque me muevo entre lo que quiero y no quiero decir. Porque como he dicho antes, mi racionalidad se ha ido al garete.

Y llega un jueves más en el que decirte: mira a lo que me ha llevado ser coherente conmigo, contigo. Y me dejas en suspense una semana más, con el corazón ardiendo, con la cabeza llena de pájaros, con la incertidumbre en el cuerpo. Y solo pido que me digas si esto es lo correcto, si lleva a algo o que me des la fortaleza para superarlo.
Pero antes de precipitarme con la sensatez o con el miedo, o con la huida, o con el desaliento, antes de todo eso, esperaré. Esperaré como una niña el regalo de reyes, nerviosa, dando vueltas en la cama, ansiosa. Porque se que la espera merece la pena y que cada cosa tiene su tiempo.

martes, 5 de noviembre de 2013

Por todo

Por todos esos gritos ahogados en el silencio.
Por todas esas miradas que quieren decir más de lo que podemos hablar.
Por todas las lágrimas derramadas en la lucha.
Por el fuego que se siente dentro.
Por la soledad de la incomprensión.
Por las palabras que nos son capaces de decir lo que sentimos.
Por el miedo a equivocarnos.
Por ser distintos imposibles.

Por todos estos años