jueves, 19 de junio de 2014

Pequeños aniversarios

Dentro de unos días va a hacer un año que decidí empezar mi vida de fe en serio. ¿Es que acaso antes no lo era? Si lo era, pero vivir la fe en solitario no es vivir la fe, al menos para mi.

Mis apuntes antes de eso eran: "A veces echo de menos una persona de confianza con la que confesarme, acudir sin miedos y eso". "A veces me siento un poco sola en medio de todo este caos. Pero si hay algo ordenado es Él. El problema es que no se que quiere de mi". "Es difícil vivir con la angustia de no saber a donde vas". "¿Y si Dios tenía para mi pensado algo y decidió cambiar de idea? Realmente soy una cobarde por no ser capaz de hablarlo".

Poco a poco se fue forjando en mi una idea, colaborar en mi parroquia, en lo que fuera, pero colaborar. Y es como nos dijo el Papa Benedicto XVI en la JMJ de Madrid:
Permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.
Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.
De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios.

Pues hace un año decidí lanzarme, a la piscina, diciéndole SI, y prometiendo fidelidad. Y ha sido un año duro, ha sido como una prueba constante de ese SI, de no renunciar, de luchar contra la tentación de plantarlo todo, de preguntarme si primero estaba yo o primero estaba Dios. He aprendido a dar testimonio, he salido a la calle a invitar a chicos a la iglesia, he acogido a chicos en la iglesia y he rezado para que la gente se encontrase con Cristo. He ido a Lourdes, a estar con los enfermos para acercarles a Cristo. ¿Y?
Y ha merecido la pena. Cada lágrima, cada cansancio, cada dolor, cada incertidumbre. Merece la pena, porque Jesús siempre está. Y si esperas pacientemente te dice donde quiere que estés. Y yo por fin siento que se donde al menos me quiere.
Y solo puedo dar gracias a Dios una vez más. Por todo.