martes, 15 de julio de 2014

Estas cosas pasan

A veces crees que estas cosas solo pasan en las películas hasta que te pasan a ti, y descubres que si no te pasan con más frecuencia es debido a que eres más cerrada de lo que pensabas.
Es una tarde cualquiera, de verano, en una terraza de Pontevedra y alguien con acento extranjero y pinta rara pide un cigarro. Empieza a decirnos que es polaco. Y con cara de asco dispuesta a despacharlo en dos segundos, resulta que una amiga dice una palabra en polaco. Así qué el extraño señor con pinta rara se emociona y decide hablarnos.
Siguiente pensamiento equivocado por mi parte: es un emigrante que echa de menos su país.
Era un peregrino haciendo el camino de Santiago desde Fátima, Portugal.
Debido a la animada conversación le invitamos a sentarse con nosotros, el señor de 45 años practica su castellano (una pasada lo bien que hablaba) y nos habla de su país, de música y cine. Nos habla del Papa San Juan Pablo II y los motivos que le llevaron a hacer el camino de Santiago. Nos habla también de la JMJ de Santiago de hace 25 años, y yo que llevaba toda la conversación callada no fui capaz de aguantar y le empecé a decir que este año había un evento para recordarla.
Al final no me quedó más remedio que descubrirme y decir que colaboraba en mi parroquia, que había  ido a la JMJ de Madrid y que me gustaría ir a la de Cracovia 2016. De hablar de eso, pasamos a Benedicto XVI (a mi que nadie me lo toque) y por supuesto del Papa Francisco y la teología de la liberación. No pude evitar decir que estaba leyendo el libro de Jesús de Nazaret de Benedicto XVI y entonces me descubrí porque el señor se sorprendió y me preguntó como es que estaba leyendo ese libro, a lo que respondí que me parecía que Benedicto conocía muy bien el alma humana y que era el gran desconocido.
Bien. Todo bien. Y al final me dijo que Benedicto XVI podía estar a la altura de uno de los grandes espirituales como era San Agustín de Hipona (olé, olé y olé. Insertar icono flamenca del whatsapp). Por supuesto hablamos de conversión, de la noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila.
El tio se debió quedar un poco flipando, tanto que me ha regalado un rosario, me ha dado su dirección de correo electrónico y ¿sabéis qué? Era el rector de la universidad de Cracovia.
Nunca sabes a quien puedes conocer y en que circunstancias. Que los prejuicios no te estropeen este tipo de situaciones.

lunes, 7 de julio de 2014

Despedidas Futuras

Lo supo en ese mismo instante, la iba a echar de menos. 
Sólo dijo: "me caso". Pero esas dos palabras fueron más que suficientes para saber que estaban viviendo los últimos momentos.
Hubo en su rostro una especie de felicidad fingida: "¡que bien!" Pero no estaba siendo sincera, eso solo significaba que ella acabaría yéndose tarde o temprano.
Ella, que presumía de independencia y autonomía, de ser una persona que no quiere atarse, se encontraba llena de tristeza. No sabía hasta que punto había creado un vínculo. No le entraba en la cabeza, ella se iba pero ella se quedaba allí hasta saber cuando.
El miedo le invadió el cuerpo. ¿Qué iba a hacer sin ella?
¿Quien la iba a sacar a dar vueltas cuando veía en su cara que no podía más? ¿Quien la iba a escuchar en esa cafetería? ¿Quien iba a reírle las gracias? ¿Con quién iba a pasar las tardes del domingo o hablar hasta las 2 de la mañana? ¿Quien?
Es cierto que desde ese momento decidió abrirse, buscar otras personas, relacionarse más, pero ninguna de ellas, ni todas en su conjunto podrían llenar ese hueco.
Y sabe que no es nada malo, es sólo la tristeza de ver marchar a la persona que te ha acompañado, con la que has compartido y que es el momento. Es saber que no se puede retener a los demás. Que la vida y el camino continúan, no como antes, igual con un poco más de añoranza, eso si, recordando todo lo bueno y disfrutando de lo que queda.
Es sólo que la va a echar de menos, y eso que todavía no se ha ido.



martes, 1 de julio de 2014

Finales

Igual es el momento de acabar con el cuento. De forma definitiva e irrevocable. Igual es el momento del silencio, del vacío, de la soledad y las lágrimas.
Porque reconozcamoslo, no soy tan fuerte. No es tan sencillo y además es doloroso.
¿Pero qué se puede hacer si no?
No aguanto otro tirón, no aguanto más peloteo. No aguanto besos flojos, abrazos vacíos.
No aguanto miradas cómplices desde la otra punta de la sala, ni aguanto sonrisas pícaras. Tampoco aguanto las caricias a escondidas, ni el tiempo a solas.
No. No aguanto.
No puedo más. Hasta aquí.