miércoles, 22 de octubre de 2014

No, corazón, no te hundas...

No, corazón, no te hundas...

No, corazón, no te hundas.
Y vosotros, ojos, no queráis cerraros en llanto.
La vida es mucho más larga,
mucho más grande de lo que supones,
mucho más magnánima.
¿Te atreverás a decirle que te debe algo?
Eres tú quien se lo debes todo.
Y aún tendrás que deberle
muchas cosas hasta que mueras,
y la muerte misma
es un deber que tienes hacia la vida.
Agradece al tiempo que,
mucho más sabio que tú,
no apresure tus horas de dolor
ni se demore en tus momentos de dicha,
sino que te los mida con la misma igualdad,
con la misma ecuanimidad generosa.
Agradece al sol que siga saliendo puntualmente,
ajeno por completo a ponerse
al compás febril de tu pulso.
Te quejas. Dices que sufres.
Dices que no puedes más.
Aún volverás a sufrir, y a amar, y a sufrir de nuevo,
y a gozar otra vez y otra y otra.
Sólo morirás una vez,
eso es lo único que no podrá repetirse,
pero la vida es una continua repetición.
Te ha de dar todavía muchas ocasiones de equivocarte,
y tú has de llegar aún a acertar con el buen momento,
que el mundo te ha de volver a brinda
como te lo ha brindado ya tantas veces.
¿Dices que estás solo?
No es mirándote al espejo como encontrarás compañía.
Coge el primer objeto que esté a tu alcance,
un vaso, una flor o simplemente el periódico.
Acarícialos, acarícialos.
Levanta la vista, tiéndela alrededor tuyo.
Sí, es verdad que no puedes ver los ojos que tú amas tanto.
Por hermosos que sean
no podrán compararse nunca con las estrellas
(a pesar de los poetas románticos).
Habla, habla, pero no contigo.
Déjate de soliloquios y silogismos y sentimentales monólogos.
Habla con el cartero, con el conductor del tranvía
(aunque esté prohibido);
habla con el niño que está jugando en la acera,
vete a beber unas copas
con el primer borracho de la esquina.
¿Creías que el mundo termina donde tú acabas?
Tú eres ya no fin,
pero ni siquiera comienzo de ninguna cosa.
No eres comienzo ni de ti mismo.
¿Recuerdas a tu madre?
No la compadezcas: ya murió, ya vivió,
ya sufrió y gozó todo aquello que le tocó en suerte.
Tú tienes todavía la de vivir, la de seguir vivo.
No tengas ninguna prisa en morirte.
No te esfuerces en buscar lo único que posees seguro.

Vicente Gaos

domingo, 19 de octubre de 2014

Borradores

Abro blogger y veo mis últimas seis entradas con la palabra: borrador. Ahí, esperando ser acabadas, o publicadas, o borradas de forma definitiva. Pospuestas para otro momento de inspiración, para decir aquello que llevas en lo más hondo o simplemente para contar algo superficial.
El caso es que ahí están, mientras guardo silencio.

Quizá solo es el paso natural de una persona, es decir, pasar de decir las cosas, de contarlas, a hacerlas. Vivir en tu vida aquello que sientes, no solo contarlo. Sentirlo, vivirlo, saborearlo. Gustar sus mieles y también el polvo del suelo. Sentir la encrucijada, elegir y aceptar tu elección.
Ver que no todo es oro y tener criterio y determinación para saber que es lo que no te gusta y lo que no quieres. Ver las contradicciones ajenas e intentarlo con las propias.

A veces nos dejamos las fuerzas en cosas que son solo medios y no fines en si mismo. Nos preocupamos porque no salen como queremos, a tiempo, exigimos porque nos supone un esfuerzo y una pérdida, como si eso fuera todo. Pero repito, solo es un medio. Y ¿merece la pena estresarse por un medio? ¿no sería mejor dejarse las fuerzas por un fin y ser nosotros el medio?

En eso me encuentro inmersa desde hace 3 domingos, en ser un medio, para un fin, transmitir a Jesús a mis niños de catequesis. Por cierto, un medio pobre y limitado, porque no consigo dar una clase bien. Pero la de hoy me ha hecho reflexionar. Le pregunté a una de mis niñas con la hucha del domund qué era el domund. Me contestó algo como: es dar dinero a los niños pobres.

¿Sabemos hoy en día para que hacemos las cosas o simplemente nos dejamos arrastrar? Cuando yo era niña, cuando llevaba la hucha, sabía aquello por lo que salía a la calle con la hucha, yo que me muero de vergüenza, pedía ser una postulante del domund, y apoyar con mi granito de arena a esos misioneros que llevan a Jesús donde todavía no le conocen, dónde les dan a la gente medios para que sean libres y puedan conocer a Jesús en esa libertad.

Ojalá hoy se hayan quedado con esa idea, que todos somos misioneros, todos podemos llevar a Jesús y darlo a conocer y sobre todo, todos podemos ayudar con pequeños gestos, como llevar la hucha o apoyar económicamente a las misiones.