jueves, 29 de enero de 2015

Locura

¿No es un poco ingenuo decir que hay que ser soñadores o idealistas?... ¿Y no será mejor ser licenciados, joviales y colegas? ¿Es mejor ser distinto o ser lo mismo? ¿No es más fácil la vida sin quimeras, con los pies en el suelo y la imaginación a raya? 

Cuidado con la pasión, bienvenida la estabilidad. 

Y si hay que creer en algo, ¿no es mejor creer en lo que veo: triunfo, euros, competencia, belleza, seguridad, que en lo que se escapa: amor, riesgo, compromiso o incertidumbre?

Y, sin embargo, algo dentro de mí me llama a la locura, al sueño y lo imposible.
No es subirse a un trampolín y gritar para llamar la atención. No es hacer cosas pintorescas o chifladuras. No es ser un excéntrico, ni un necio. Es tener valores que uno intenta mantener, en el mundo en el que todo es relativo. Es no tragarse los mensajes que parece que hay que dar por supuesto: «Vive sólo para ti». Y en cambio intentar tocar el fondo de las cosas, dejar que te afecten de veras, aunque ello te suponga opciones arriesgadas. Es decir, con tus gestos y palabras, con tu vida, que crees en la humanidad como proyecto común, en el Reino de Dios como horizonte, en un Dios de tu misma carne y sangre...

Vivir no es únicamente conformismo o sensatez. No es nunca equivocarse, sino aprender.
Vivir es imaginar alternativas y apostar por ellas. Es ser distinto, y risueño. Es reír y arriesgar, y tropezar, y caer, y levantarse, y llorar, y volver a reír. Es buscarte y amar, arriesgarse a saltar en el vacío. Es formular un ‘vamos’ antes que un ‘pero’. Es preguntar ‘¿cuándo?’ en vez de un ‘es que...’ Es no ir a rastras, sino tirar del carro, de tantos carros como necesitan quien los empuje. Es grito y pasión.
Vivir es la rutina capaz de seguir admirándose; silencio que canta; es la alegría capaz de asomarse a la eternidad.

¿De donde saco esto? De pastoralsj. ¿Donde si no?

Repasos mentales

Estaba repasando mentalmente este último año, el 2014. ¡Que preciosidad de año! ¿A caso después de todas las lágrimas derramadas se puede decir que fue un gran año? ¡Si! Es más, debería de ser obligatorio decirlo.
Avancé un montón, aprendí un montón, disfruté un montón. ¿A caso una se puede quejar?
Pienso en todos los líos y malentendidos y malas noticias. Pero siempre hemos visto la luz al final del túnel. Hemos salido de la situación y eso es lo maravilloso, no estancarse en ese círculo de negatividad que no te deja avanzar.

Siempre que me dicen: "te pasabas el día en la iglesia" me cabreo. No tengo esa sensación. Y haciendo balance creo que empiezo a entender porque lo dicen. Uno puede estar de muchas maneras en la iglesia, puedes estar dentro, puedes estar dentro rezando o puedes simplemente estar ausente. Bueno pues yo no tengo constancia de haberme pasado las semanas, los días, las horas ahí dentro, más que nada porque yo no estaba por mí.
¿¡Que!? Pues eso, que no estaba por mi. Lo que quiero explicar es que mi idea de colaborar con mi parroquia ("Y hacer una declaración de principios" como dice la CEE) era precisamente dar testimonio. No soy una persona de pasarme el día en una iglesia, es más, me espanta. ¿Para que voy a pasarme el día en una iglesia pudiendo estar en casa haciendo otras cosas? He ahí la cuestión. Había unas conferencias muy interesantes, una vez al mes, llamadas Lunes (IN)diferentes y mi intención era transmitirlas vía redes sociales a nuestros seguidores. Muchas ansias de llegar a los demás, ganas de hacerlo y bloqueo por parte de superiores me impidieron publicar cosas. Muros en general. Es decir, que vas, te pasas las charlas tomando notas y luego no se publica (¡chupi!) Y todavía habrá quien se pregunte que es lo que me llevó a dejar el grupo de prensa. ¡Todo en general!

Dentro de esa teima mía de dar testimonió he colaborado activamente en el proyecto Centinelas de la mañana y su actividad Una Luz En La Noche. ¡Una locura! Si. Lo es, y cada día veo con más claridad la locura que es y que me planteo no volver a hacer. Se trata de despertar el deseo de evangelizar a jóvenes entre 20 y 30 años (así a ojo) y se sale a  la calle un sábado por la noche a invitar a la gente a que tenga un encuentro con Jesús, vivo, expuesto en el altar. Todo ello impregnado por el Espíritu Santo que te ayuda y te acompaña en tu labor esa noche (suena irónico, y si, efectivamente va con un poco de rentintín, pero sigue leyendo). Así dicho parece todo muy loco, pero yo que he pasado por todos los ministerios (la calle, acogida en la iglesia e intercesión) he visto como la gente realmente ha quedado tocada y no os puedo transmitir la sensación de estar de rodillas ante el Santísimo haciendo propia la oración de la persona que acompañas. ¡Es una pasada! ¡Y una locura! Que como he dicho,  me planteo no volver a hacer. Es que si no lo vives es muy difícil creerlo. Si detrás de esto no estuviera Cristo seguro que no funcionaría.

¡Lourdes! ¡Que me fuí de voluntaria a Lourdes! Con los enfermos si. Prueba de ello:


Lourdes es algo así como el Disney World para los católicos, culpa de ello la iglesia de detrás (ahí lo veis, yo no digo nada y lo digo todo)  Pero hacer un voluntariado es una pasada. Si, igual vas un poco de inocente haciéndote una idea de lo que te vas a encontrar y aun así te ves superada por la situación. No sabes como relacionarte con la gente que tienes delante y te encuentras con un montón de prejuicios. Más de 12 horas diarias con los enfermos, durante 3 días. Misas, oraciones, procesiones... Eres tu para ellos y ellos para ti. De repente el último día descubrí a Cristo en la mirada de un enfermo, como decía la Beata Madre Teresa de Calcuta y esa mirada de amor, durante un segundo, es suficiente para que te atraviese el alma y todo tenga sentido, porque en realidad ellos son los que te acogen a ti y te permiten compartir esos días con ellos. Es un regalo (un poco caro) pero un regalo. Vivir la fe desde el voluntariado es una aventura apasionante. ("Lourdes, un lugar para los hippies católicos, todo paz y amor" Yo lo veo como eslogan.)

Y por último, soy catequista. Un domingo. Por la mañana, A las 10:00. Si. Se lo que pensáis: 26 años y se dedica los domingos por la mañana a dar catequesis en lugar de dormir, ya,... Creedme, me duele más a mi que a vosotros. Y también a mis niños de 12 años. Es que aun por encima son de 12 años y con whatsapp y dentro de lo que cabe aun son buenos, porque me pilla a mi en su época y se la liaba mucho más al catequista. Son solo 10 diablillos. Bueno, todos no, tres chicas se portan bastante bien. Son mi orgullo, quieren lucirse en la iglesia, participar, sentirse mayores...
Con mi compañera catequista M. A. (para no dar mas pistas, con los puntos llega) no me entiendo muy bien, los chavales se pierden un poco con ella, pero impone respeto y bueno, algo ayuda. El crecimiento es mutuo. Dice de abandonar porque no damos catequesis, pero yo creo que resistirá.
¡Se fuerte M. A.!

Respecto a mi vida personal, como siempre ambigua. Creo que me voy acostumbrando. Y también los demás a mi. Así que en resumidas cuentas, tirando hacia delante.





lunes, 5 de enero de 2015

Sorpresas

A veces las personas te sorprenden, sobre todo aquellas a las que no sueles dedicarle el tiempo que igual les correspondería por derecho, es decir, por lo que se interesan por ti, por tu vida, que tienen interés en que no desaparezcas ni te encierres en tu caparazón cual tortuga, que deciden rescatarte cuando ven que empiezas a hundirte y volverte pequeñita. Esas personas, esos amigos.

Por ejemplo, alguien que te dice: "toma, te doy esto de color verde porque se que es tu color favorito". Y ya no es el detalle en sí, sino el hecho de que sabe cual es tu color favorito. Personas que te quieren secuestrar para un café, que te quieren invitar y no te lo dicen y cuando te dejas convencer por otra, te sueltan: "Ah! Así que si es por ella si, no? Me parece fatal". Y luego te invitan.
Y te preguntas: ¿Yo haría lo mismo con esta persona? ¿es recíproco?
Es entonces cuando descubres que no le dedicas ni un cuarto del tiempo que te dedican ellos a ti para preocuparte por su color favorito, o si han tenido un mal día. Ellos que escuchan tu verborrea soltada al aire, no para ser escuchada, sino a modo de desahogo porque las cosas siempre tienen que salir, y si, si tengo abandonado el blog es por algo.

A veces peco de orgullosa porque odio las invitaciones. No es el hecho de invitar en si, es todo lo que conlleva la invitación. Yo me pongo a hacer sumas y me encuentro que quedo contigo porque a) necesito hablar, b) tengo que desconectar, c) quiero pasar tiempo contigo, d) simplemente quería verte y ¿en serio quieres invitarme? ¿soy yo la que quiere quedar y eres tu quien me quiere invitar? No me salen las cuentas. ¿No te das cuenta que necesito yo más de ti que tu de mi y encima me invitas?
Pues eso, gente que no para de sorprenderte.