jueves, 13 de agosto de 2015

Romperse y entregarse

En nuestras vidas también hemos de rompernos, como ese pan que se parte. Romperse forma parte de todas las vidas. Es raro llegar al final sin cicatrices, porque muchas veces pondremos en juego corazón, ilusión, deseos... En ocasiones, las cosas saldrán bien; en otras ocasiones, no tanto. No pasa nada si alguna vez se nos quiebran las esperanzas, las ilusiones, o si por el camino caemos y hemos de levantarnos, quizá algo más magullados. Eso sí, no cualquier golpe, cualquier sufrimiento o cualquier ruptura está justificado.
Tocará sufrir en la vida, claro que sí; pero que sea por el evangelio, es decir, por el amor que aprendemos en Dios, por la justicia que nace de las bienaventuranzas, por algo que merezca la pena.
Y al final, se trata de entregarnos. El pan que se parte se reparte después entre muchos. Eso es lo que cada vida puede ser. Un multiplicarse, en tiempo, en cariño, en ternura, en talentos, en creatividad, en búsquedas y miradas. Darse, a tiempo y destiempo. Sin racanear ni reservarse demasiado. Hay muchas maneras de entregarse. Las hay más visibles, y otras que pasan desapercibidas.
Jose María Rodriguez Olaizola- Los Forjadores de historias