martes, 27 de diciembre de 2016

Hola Ángeles

El otro día iba haciendo un trayecto corto, no recuerdo a donde. Seguramente iba al encuentro de una amiga, posiblemente me estaba saltando alguna clase del gimnasio. No recuerdo el fin, solo que iba a un encuentro, a pasar un rato distendido.
Iba en ese trayecto con la mirada hacia el suelo pensando en mis cosas. ¿Cosas? Si, esas ideas sueltas que tienes vagando por el pensamiento sin ninguna relación entre ellas. Vas saltando de una a otra, como quien salta de una roca a otra en un estanque para no mojarse los pies, como una niña que salta a la pata coja, hasta que una voz irrumpió en mis pensamientos:

-Hola Ángeles.

No me llamo Ángeles, pero me sorprende que una voz infantil a todo pulmón grite:
-Hola Ángeles.

Localicé al niño.

-Hola Ángeles.

Entonces lo entendí. El niño iba de la mano de alguien mirando al cielo, más exactamente a las luces navideñas que adornan las calles.

-Hola Ángeles.

Miré hacia lo alto, sonreí para mis adentros y dije: Hola ángeles.

Si tuviera que resumir ese momento diría que es como un tirón de orejas, o una llamada de atención. Dentro de lo cotidiano, de lo que nos agobia, de lo que nos pesa, es necesario mirar hacia arriba, es necesario levantar la vista hacia Dios. El siempre tiene una mirada de misericordia. Él es la luz del mundo.

Y dirás ¿a mi que más me dan las luces de Navidad si para mi la luz del mundo es Dios? Si, tienes razón. Pero dime, ¿como vas a oír y distinguir lo que Dios quiere para ti si no eres capaz de salir de tus pensamientos? ¿si no eres capaz de reconocer lo nuevo que tienes a tu alrededor? Las preocupaciones no se van a ir, pero Dios siempre te va a traer paz.
Y Dios viene encarnado en un niño, que puede pasar por nuestra vida de forma ajena o marcarnos y hacernos sentir esa ternura del que se sabe amado.

Feliz Navidad desde Pequeña Caroline.