viernes, 13 de enero de 2017

Al calor de las brasas

"El cristianismo no es el cumplimiento de normas sino con que corazón vivo mi vida diaria"

Aprender a ser amigos desde Él. Amar desde Él.

Si hubo algo que me marcó en los ejercicios espirituales que he hecho ha sido la lectura de Juan 21.
No era  la primera vez que la leía, no era la primera meditación a la que acudía de la escena en concreto. Pero cuando Jesús te toca el corazón en un momento determinado, lo hace y bien.

Me imagino a los discípulos derrotados, un Pedro que ha negado a Cristo tres veces diciendo que va a pescar. ¿A caso se puede ir a anunciar a Cristo sin Cristo? Jesús se les aparece y les dice que echen las redes. Y pescan, ¡vaya si pescan! Y Juan, Juan que sabía que Cristo lo amaba profundamente, que se sabe amado, es el primero en reconocer su  presencia y le dice a Pedro: oye, que esto es obra de Jesús. Es Él.
Pedro desnudo ante su debilidad, ante su pecado, ante su negación se pone cualquier cosa para esconder lo que le avergüenza y sale a su encuentro, orgulloso. ¿Por que quien muestra debilidad en esta vida?
Y Jesús que ya ha preparado el encuentro con esas brasas, le mira. Jesús ya sabe que lo ha negado, si de hecho se lo dijo él. Podía decirle: te lo dije. O podía haberle dicho: no tienes remedio. Y en cambio ¿que hizo? Le preguntó 3 veces si le amaba. Las mismas veces que Pedro le había negado.

Jesús sabe que Pedro se avergüenza de negarle, que quiere hacerse el fuerte. Pesca, se viste, se lanza al agua para llegar el primero a la orilla... Y Jesús sin que él le diga nada le da oportunidad de redimirse. Pone amor en la vergüenza. ¿Me amas?

Todos tenían miedo, miedo a que igual Jesús les echara en cara que no han sabido apoyarle, que lo hayan negado, que les dijera que no estuvieron a la altura de las circunstancias. ¿Qué clase de amigos habían sido? Escapados, huidos, amigos de boquilla, de los que están cuando todo va bien...

Me imagino a Jesús diciendo: ¿después de 3 años y todavía no me conocéis? ¿a caso voy a ponerme como un energúmeno y voy a decir "tu más"?
Jesús se sienta, enciende las brasas, comparte con ellos y solo dice: ¿me amas? Pues ya está. Es lo único que necesito saber, que me quieres.

Y no será porque no está dolido. Entregó su vida por ellos, por nosotros. ¿Y como le tratamos? Y Él solo nos dice: ¿Me amas? Y nos entrega todo lo que es.

Si quizá fuéramos capaces de aprender de él y cuando una persona a la que le damos todo nos hiere fuéramos capaces de mirarle con esa misericordia y decirle: ¿me amas? y que todo se quedase ahí. Si pudiéramos ensanchar el corazón...
Pero yo con mis pies de barro, no puedo hacer nada. Solo acudir junto a Jesús. Que se que el sufre conmigo. Y que con él pueda ensanchar el corazón, no para que no duela, sino para acoger el dolor y el sufrimiento y llevarlo con dignidad y que se vuelva pregunta: ¿me amas?