sábado, 8 de julio de 2017

Como corriente

-¿ Me dejas decirte qué más veo? 
Ella lo miró con cautela. 
-Veo a una mujer que es más... real que cualquier otra que haya conocido. A tu lado, todas las demás personas que conozco resultan insustanciales, incompletas en cierto modo. Como sombras e ilusiones. Amaba a mi esposa, o más bien, como señalaste con tanto tino mientras estaba colocado, amaba la idea que tenía de quién era. Pero nunca estuvo tan presente para mí como estás tú. Nunca me he sentido tan atraído por alguien como por ti, y lo he estado desde el momento en que te conocí. Es como la diferencia entre..., entre leer sobre la gravedad y luego caerte por primera vez. 
Se miraron durante lo que parecieron horas pero bien podían ser minutos o incluso segundos. La mano de Daniel, que al principio solo le tocaba el pómulo con los bordes de las yemas de los dedos, empezó a relajarse hasta que le acunó la mandíbula en la palma. Le pasó el pulgar por el labio inferior con una presión tan leve que no estaba segura del todo de no haberlo imaginado. 
-Esto es completamente irracional a todos los niveles -susurró Alex.
-No me mates, por favor. 
Quizá Alex asintiera.
Daniel se llevó su otra mano al rostro de Alex, con tanta suavidad que no hubo ni un atisbo de dolor pese a sus cardenales. Era solo corriente viva, la sensación que debía experimentar una lámpara de plasma desde su interior.

La Química - Stephenie Meyer 

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