miércoles, 26 de julio de 2017

Espumas

Hay en mi parroquia de origen una mujer que no para de poner en facebook toda clase de cosas en contra de la parroquia, actividades y jóvenes parroquiales. Todo empezó porque le invitaron a marcharse de la administración de la página parroquial.
Últimamente no paro de leer como hace hincapié en las cifras de cuando ella era administradora. Mira las estadísticas, compara, YO lo hacía mejor, YO, YO, YO... y ataca con un: Tu niñata, tu que te crees, porque Tu, tu, tu, tu...

¡Qué fácil es señalar a los demás y regocijarse cuando uno cree tener razón!

Y aunque esta señora no me va a leer, me gustaría reflexionar sobre unas cosas...
En la página parroquial no hacemos proselitismo, solo se informa de las actividades parroquiales. No se trata de números. Se trata de informar.
En los ejercicios espirituales hablábamos de que lo importante era de que con qué corazón hacemos las cosas. Lo importante de poner amor en lo que hacemos. En eso nos jugamos nuestra vida, poniendo nuestro corazón enamorado del Señor al servicio de los demás.
También en estos ejercicios reflexioné sobre San Francisco de Sales, el salía a predicar y a veces solo le escuchaban las palomas, pero él salía siempre. Pues igual nosotros, habrá momentos en que nadie le de a me gusta o que nadie lo comparta, pero no por eso se deja de informar. No obtenemos ingresos de publicidad, solo queremos que la información esté disponible para quien le pueda interesar porque a todos los interesados le debería llegar lo que se hace en la parroquia.

Entonces a raíz de esto me pregunto... ¿con que intención estaba esta señora administrando la página? ¿por qué esa dedicación a la página? ¿vanidad? "Los números me avalan" ¿y el amor también te avala?

¿Y si en lugar de echar la culpa a los demás revisásemos nuestro corazón y nos diésemos cuenta del dolor y rencor que llevamos encima? Así a modo de empezar... Ni todo es culpa de los demás, ni todo es culpa nuestra.
Empieza a amar a la iglesia con sus contradicciones y sus pobrezas. Porque la Iglesia la hacemos todos y que yo sepa no somos perfectos. No estaremos de acuerdo con todo lo que pase, pero si se puede seguir amando a la iglesia.

Hoy me hablaban en Misa de la conversión por envidia, de ver como la gente es plena aun con dificultades. El contagio del amor por el Señor. El contagio de la alegría del Evangelio.
Señora, ¿y usted que está contagiando? ¿rencor? ¿ira? ¿nunca le han dicho que de lo que se siembra se recoge? ¿Que va a recoger usted?

Señora, ¡enamórese! Pero del amor del bueno, del que no exige y en cambio lo da todo. Del que no lleva cuentas del mal, del que no se enoja, sino que se alegra con la verdad. Señora, si no tengo amor, nada soy.

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