miércoles, 30 de abril de 2014

Te quiero

Te quiero. Te quiero con tus silencios y cuando no paras de hablar. Cuando te acercas y cuando te alejas. Cuando te enfadas y cuando sonríes. Te quiero en tus días grises y en tus días de sol. Te quiero cuando te enfurruñas y cuando estás alegre. Te quiero con tus lágrimas y con el brillo en tus ojos. Te quiero cuando me miras y cuando me ignoras. Te quiero. Si, te quiero cuando metes la pata y cuando estás acertada. Te quiero con tus locuras y tus miedos. Te quiero con maquillaje y recién levantada de la cama. Te quiero cuando me gritas y cuando me hablas en susurros. Te quiero cuando vienes a pedir perdón y cuando vienes a darme las gracias. Te quiero cuando te crees genial y cuando crees que lo has hecho todo mal. Te quiero delgada y un poco gordita. Te quiero con el pelo corto y con el pelo largo. Te quiero cuando estás activa y cuando estás derrotada. Te quiero despistada y atenta a todo. Te quiero con tus dudas y tus seguridades. Te quiero arreglada y en chandal. Te quiero cuando me escuchas y cuando te haces la sorda. Te quiero en lo más humano. Te quiero cuando te mures de vergüenza. Te quiero cuando te pones a la defensiva. Te quiero con cara de pilla. Te quiero con cara de pez. Te quiero cuando no quieres estudiar y cuando pides que te dejen en paz. Te quiero cuando estás inquieta y cuando estás seria.

Te quiero así, como eres. Entera. Única. Diferente. Con tus vivencias, con tu amor, con tus desengaños, con tus sufrimientos, con tus preocupaciones. Y si no eres capaz de entender que te quiero así, no vas a ser capaz de querer a los demás como son, como tú, con sus fallos y aciertos, con sus verdades y sus mentiras, sus miedos y sus seguridades. Porque los demás también tienen días grises y de sol, días de silencio y de búsqueda. Días en que ni ellos se aguantan a sí mismos.

A veces no entenderás, a veces dudarás, a veces tendrás que esperar. Pero no lo dudes, te quiero. Estoy en esa cruz que tanto admiras, dando la vida porque te amo. Sufro porque te amo. Pero te he dado la vida para que la vivas y para que cuando no puedas vengas a mi, que te espero. Yo que vivo, estoy dispuesto a empezar siempre de nuevo contigo. Quiero acariciarte, consolarte, decirte que todo va a ir bien. Yo que te quiero siempre y para siempre, yo. Vive, llora, sueña, pero sobre todo, ama. Ama como yo te amo, aunque a veces sufras, y cuando así sea, VEN.

domingo, 27 de abril de 2014

Si el amor te escogiera

Si el amor te escogiera

Si el amor te escogiera y se dignara
llegar hasta tu puerta y ser tu huésped
¡Cuidado con abrirle e invitarle,
si quieres ser feliz como eras antes!

Pues no entra solo: tras él vienen
los ángeles de la niebla tu huésped solitario
sueña con los fracasados y los desposeídos
con los tristes y con el dolor infinito de la vida.

Despertará en ti deseos que nunca podrás olvidar,
te mostrará estrellas que nunca viste antes;
te hará compartir, en adelante
el peso de su tristeza divina sobre el mundo.

¡Listo fuiste al no abrirle! y, sin embargo,
¡qué pobre, si lo echaste de un portazo!

Sidney Royse Lysaght

Fuente: Pastoralsj.org

viernes, 25 de abril de 2014

8 años

Guapa es la historia de quien no se da por vencido en el maravilloso viaje de encontrarse con uno mismo, de quien acepta cumplir años y seguir teniendo miedos, de quien llena la almohada de inseguridades pero al levantarse siempre hace la cama, de quien sonríe de verdad y como antes: sin darse cuenta, de quien consigue que lo que quiere y lo que le apetece hagan las paces, de quien hace del tiempo un aliado sigiloso que, cada mañana y frente al espejo del alma, le hará sentirse cada vez un poco más guapa.

martes, 22 de abril de 2014

El futuro

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche,
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes,
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y sé muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo
ni allí afuera,
ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

Julio Cortázar

lunes, 21 de abril de 2014

Adultos

En temporadas como esta me doy cuenta de la frase que me decían: no tengas prisa por crecer.
Cuanto más voy avanzando en mi vida, más ganas me entran de retroceder y cumplir un año menos. Ganas de recrearme en cada segundo que no volverá.
Pasamos la infancia deseando ser como los mayores, admirandoles, sin darnos cuenta que esa etapa solo es un tercio de nuestra vida, o simplemente ni eso. Con una esperanza de vida de ochenta y tantos años, que doce o trece seamos niños no es nada, porque nos pasaremos setenta y tantos siendo adultos.
¿En que momento exacto dejé de ser una niña? ¿cual fue el segundo que me marcó? ¿que traición, muerte o desengaño? ¿cuando crucé esa delgada linea?
Disculpen si quiero disfrutar todavía de lo poco que me queda de juventud. Quizá no es lo mismo, pero me siguen conmoviendo las pequeñas cosas, los detalles. Un guiño, un huevo de chocolate, alguien que se ha dado cuenta de que te has fijado en algo y no puedes reprimir una sonrisa inocente totalmente sincera.
Atrás quedan la autocaravana de Barbie con todas sus pegatinas encima de un libro que tenía un sobresaliente, los chupitos de aguardiente para los reyes magos y el agua para los camellos. La emoción de descubrir que aquello que más anhelabas está ya en tus manos.
El sabor de las trufas de la abuela que disfrutabas mientras sonreías y el sabor inconfundible de los minis de Bicos. Los dibujos que les hacías a tus abuelos los sábados, las tardes mirando películas interminables y los juegos con tus primos.
También quedan atrás los juegos de mesa que siempre acababan mal porque la parte contraria consideraba que hacías trampas. Así como las clases de ballet, baile gallego, manualidades, pintura, tenis y golf. O como descubriste que eras una mala inversora jugando al Monopoly y al Hotel.

Si ser adulta implica perder la alegría, la ilusión, la capacidad de sentirse como un niño, entonces no lo soy, ni me gustaría serlo.Ser adulto no implica estar en el mundo de yupi, babia o en un mundo de rosas. Ser adulto implica ser consciente, tener capacidad para ser responsable, poder decidir. En ningún momento te dicen que son incompatibles.

Ahora si me disculpan, voy a poner mi cara más larga y el tono de voz más agresivo y amargo, que los adultos tienen que creer que soy como uno de ellos en apariencia.
Aunque en el fondo siempre seré aquella niña que se comía a escondidas el chocolate con pan después de comer, aquella niña que le sonríe a la comida y a la que todavía le queda mucho por disfrutar y soñar.

sábado, 12 de abril de 2014

Vivir a corazón abierto

Uno podría pensar que es mejor no implicarse con casi nada. Utilizar mucho la cabeza y el bolsillo, y proteger el corazón. Porque es turbulento, voluble y frágil, y a veces nos lleva por la calle de la incertidumbre. Pero luego imaginas lo que sería una vida sin poner el corazón en juego, y te ves frío, autómata, calculador… ¿Y quién quiere eso? Es verdad que a veces sufriremos. Pero la vida son cuatro días, y Dios no nos ha creado para la gelidez, sino para la pasión profunda de quien apuesta.
De vez en cuando conviene volver a hacerse esa pregunta. ¿Dónde pongo las expectativas, los anhelos, las ilusiones? Si es en un espejo o es en un fajo de billetes, o en la comodidad o la diversión. O en los aplausos, o el éxito. O en algunos nombres. O en la fe. Y la justicia. Y la gente. Es importante saber qué es lo que me llena, lo que me inquieta, lo que me ocupa y me preocupa, a lo que le doy la oportunidad de quitarme la tranquilidad. Porque ahí es donde estoy viviendo con más implicación.
A veces uno necesita oír una declaración de amor. Una declaración de que hay alguien, Alguien, que siempre está ahí para mí, conmigo. De que el amor, en mi vida, ya está sembrado. De que cuando me levanto, cuando me siento solo, cuando estoy con otros, cuando me enamoro o cuando se me rompe el corazón. Cuando me siento como un volcán o como una bayeta, cuando soy feliz y cuando mi vida es drama, cuando la fe flaquea o cuando es firme, cuando los motivos tiran de mí o cuando parecen difuminarse… siempre, siempre, hay quien me ama primero.
Fuente: http://www.pastoralsj.org