lunes, 7 de mayo de 2018

Canciones

A veces en los ejercicios espirituales nos vienen mociones, cosas, sentimientos...
A mi pues a veces se me vienen canciones que estaban por ahí olvidadas y la verdad es que no podían estar mas acertadas.

Yo Quería Recorrer - Nena Daconte


Tarde para Cambiar - Amaral


miércoles, 4 de abril de 2018

Primavera




Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado

domingo, 11 de marzo de 2018

Ten misericordia y compasión de mi

¿Sabes cuando conoces y quieres tanto a alguien que le notas en la cara que no está bien? No hace falta ni que abra la boca. Es todo, su gesto, su tono...
¿Y que le vas a hacer cuando finge que todo está bien? ¿Atosigar?
Me pasó con una amiga hace un mes...
La vi y me conmovió.
¡Qué se yo!
Siempre he creído que detrás de una llamada de atención hay una carencia de algo. ¡Es que siempre nos pones en segundo lugar! ¡Nosotras somos tus amigas!
Y ¿sabéis que? No se lo tengo en cuenta, porque en el recuento total, ellas siempre salen ganando. En horas, en dedicación, en diversión...
Pero la vi y me llevó a la misericordia porque me había pasado la tarde en la cocina para hacerle el tiramisú (porque me lo pidió ella y solo lo hice por ella) y la tortilla cuando tenía el tiempo contado para ver a mas gente y además la había visto el día anterior...
Y te ríes en tu fuero interno porque la quieres. Pero sabes que está pasando por algo.
No necesito que nadie me diga sus defectos porque los conozco y los superé. Estuvimos unos 4 años sin hablarnos y echándonos de menos, pero cuando hay dolor y orgullo las cosas nunca son fáciles.
Es una pena porque es una tia pasional, con un pronto insufrible, y unos malos modos insuperables, pero debajo de todo eso hay una persona con un corazón enorme que tiene muchas cosas que sanar.
Debajo de esa coraza hay miedos e inseguridades, hay querer y no poder. Hay sufrimiento y soledad.

Alguna vez me llama y cuando me pongo a hablar me dice: ¿que llevas todo el día sola no? ¿por eso no quieres colgar? Y nos reímos.
Y cuando se quiere y no se puede nos frustramos y lo pagamos con los de más confianza. Se que posiblemente le gustaría trabajar y tener su propio piso, así como casarse y tener hijos y en cambio, no lo ha conseguido aun. Y pasará por momentos, de llevarlo peor o mejor, pero ahí está.

Como yo con la oposición, momentos en que te puede la rabia y la frustración, momentos de calma... No soy quien para darle consejos, solo puedo saber por lo que está pasando. Cuando tienes tu meta al alcance de tu mano y no lo consigues.
Y la veo y me mueve a la compasión, a la misericordia. La misma misericordia cuando me veo a mi, y me digo que tengo que tenerme paciencia. Conozco tu dolor, y tu frustración y por ello te quiero aun más si cabe.

¿Sabes cuando se muere alguien y te dicen que lo peor viene después? Pues cuando suspendí otra vez hace un mes no lloré, iba en el tren, tampoco lloré después, ni esa semana, y la gente me decía: cuenta con nosotros para lo que sea. Pero yo estaba bien. De hecho no entendía porque la gente me trataba así, no me iba a romper, estaba bien.
La semana pasada me examiné otra vez, y vi a una antigua compañera, me dijo que estaba yendo al psicologo. La entendí, pero yo estaba bien. Esta semana he decidido meterme en un grupo inicial para recuperar perspectiva y todo iba bien. Ayer recibí un email de la jefa de estudios que dice que el grupo de avanzados empieza el 3 de abril y estaba todo bien.

Y entonces tan bien van las cosas que te rompes y aquí estoy, con mi dolor y frustración aflorando por los poros de mi piel y derramando lágrimas. ¿Debería irme todo el mes a casa? ¿No hacer absolutamente nada? ¿Seguir en el grupo de inicial?
Porque te viene todo de golpe. Porque quieres y no puedes.

Por eso amiga, te quiero, conozco tu dolor y aunque no lo quieras contar, cuenta con mi cariño y paciencia. Porque a veces no hace falta decir nada, solo abrazarse y llorar.

Porque cuando todo está bien, amiga, todo va tirando, pero ay de cuando se tuercen las cosas de golpe. Ahí en ese momento, sabes que yo estaré contigo, con toda mi paciencia queriendote en tu sufrimiento porque yo te entiendo.

sábado, 3 de febrero de 2018

Con la A

De Ansiedad.

Poco o nada he hablado de esto. Pero hoy, con las notas a la vuelta de la esquina ha vuelto.
Alguna vez me han preguntado como manejo la ansiedad y siempre he contestado que no hacía nada especial. Quizá porque nada me hacía alterarme. Unos me decían que fumaban, otros se drogaban, otros a tilas. Pero yo nunca había tenido necesidad de lidiar con esas cosas. Quizá porque tenía la capacidad de distraerme, de abstraerme, de desconectar y no focalizar. O quizá porque era fuerte mentalmente. ¿Quién sabe?

Lo único que me alteró durante la carrera fue el dichoso Trabajo de fin de carrera que parecía no acabarse y no llegar al mínimo de páginas exigidas. Pero eso cambió.
Cambió cuando decidí opositar.

Al principio es solo un examen. U·N  E·X·A·M·E·N. Eres joven, hay pocas plazas, a la primera te lo tomas con calma porque es un examen. No pasa nada. Hasta que pasan 6 años (6 pu*** años) y ya no eres joven, y ya no tienes ganas y ya no es un examen.
Porque señores un examen no es nada. Pero esto, ¿esto sabéis lo que es? Tu sueño, tu vida, tu futuro y de momento tu asqueroso, monótono y desquiciante presente. Un bucle sin salida más que la plaza. Y digo la plaza porque no contemplo no cumplir mi anhelo de ser funcionaria del Estado.

Al principio apareció con forma de parálisis. "Uy salió la convocatoria" y el cuerpo paralizado, es que no soy capaz de salir de la cama. No puedo. No puedo salir y enfrentarme al mundo porque ha salido la convocatoria. Si, una publicación del BOE que solo dice que se ha abierto el proceso de selección y que en unos meses tendrás el primer ejercicio. Y piensas que no es nada. Porque racionalizas y dices: solo salió la convocatoria, no es nada y sigues hacia delante porque no es nada. Pero esa mañana la pierdes.
Y falta un MES para el examen y... tachan, no puedes levantarte de nuevo de la cama. Porque esa "chorrada", ese "examen" está a 1 mes, 4 semanas, solo 30 días. Y pierdes esa mañana y si se tercia la tarde.

Lo bueno es respirar hondo (cuando una le dan ataques de hipo aprende) y decir: lo voy a hacer, voy a ir a estudiar como siempre, tarde (si sueles ir a las 8 pues vas a las 10 o a la hora que has podido desbloquearte) pero hacerlo. Porque eres más fuerte que todo esto. Y lo haces y parece que se te van los males, durante un rato. Porque los apuntes te dan esa seguridad. Los lees, haces esquemas y te relajan, porque esto continua, están incorporados a tu bienestar.
Y llega el día del examen y sí, duermes 3 horas y da gracias. Y llegas adormilado, relantizado pero con el corazón a mil porque ya no hay vuelta atrás.

Este año me he rodeado de más opositores y las conversaciones se tornan de esta manera en los descansos: ¿y os estáis tomando algo para la concentración? ¿y para la ansiedad? ¿sueles dormir la noche antes del examen? ¿a qué hora dejas de estudiar?
Y entonces vas identificando tus miedos y los compartes. Y tus inquietudes y tus anhelos y tu dejadez. Y tu dolor y tu frustración.

Este año el haber ido a clase me ha relajado. El ir a clase y hacer ejercicios y estar con gente como yo. Y que la semana antes empecé a tomar valerianas. ¡Qué gran descubrimiento! Porque pensaba que me iban a adormilar, que me iba a quedar drogui y no. Tus nervios se relajan, tus pulsaciones bajan, el cerebro para de decirte: Alerta, miedo, socorro, huye. Y puedes hacer las cosas.

¿Y por qué escribo esto hoy? Porque me he levantado con la mirada torcida. Como si el mundo tuviese la culpa de que van a salir las pu*** notas. Porque voy por la calle y cuando está la gente ocupando la acera me dan ganas de soltar: apartate gili******. Porque me late el corazón a mil. Porque estoy acelerada. Porque quiero que pase este trance. Y porque quiero gritarle a todo el mundo. T·O·D·O el mundo. Lo que sea, pero gritarles. (por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa)

Entonces me he dicho: Tu no eres así. Es el miedo, es la ansiedad la que está hablando por ti. Es la vena cruzada en la cara. Es la mirada cabizbaja.
¿Qué tendrá la ansiedad para que saques tu peor cara con la gente a la que más quieres y con la que menos quieres mostrarte?

Hoy le decía una compi a otro: ¿Has llorado? y le contestaba: Sí, ya he llorado y hoy, hoy vengo drogado.
¿Y yo? ¿Queréis que os cuente? Estoy a punto. ¿De qué? De las dos cosas, de llorar y de tomarme la valeriana. Así juntas. Que es más divertido.

Dichosos sueños. Lo que hay que pasar para conseguirlos, si es que algún día lo consigues.

domingo, 7 de enero de 2018

jueves, 4 de enero de 2018

Inaugurando otro año

Empieza otro año y aquí estoy, delante de una pantalla de ordenador. 
No se muy bien que poner, porque considero que 2017 ha sido un regalo. Todavía no me explico como he ido avanzando a lo largo de este año. Y solo puedo dar gracias por todo lo recibido.
Me fui al límite de mis fuerzas, al límite de tirar todo por la borda, al límite de mi misma. Pero siempre hay algo que clama que tienes que salir de ahí, y cuando crees que eres tu sola saliendo del pozo, descubres que hay quien te tiende su mano, gente que te sostiene, gente que te entiende y gente que te apoya.
Y aquí estoy con mi sonrisa, feliz. ¡Y todavía no entiendo por qué!
Me decía un sacerdote que Dios quiere lo mejor para nosotros porque nos ama. Y cuando no tienes nada, cuando te ves pobre y vacío, sin expectativas, va el Señor y nos lleva sin que lo entendamos por donde Él quiere. Y cuando echas la vista atrás, solo puedes reconocer la mano de Dios en tu vida.

Una persona al contarle mis sentimientos de pobreza, mi debilidad... me dijo lo siguiente: tu pobreza es la riqueza de otros. Cuando le inste sobre eso me dijo: te estoy llamando soberbia.
¿Y vosotros lo entendéis? Porque yo no. Han debido de pasar como unos 3 meses desde aquello y sigo sin entenderlo. Si dijese: de tu pobreza Dios construye su riqueza o algo parecido lo podría entender. Pero no se, reconocerse débil y pobre espiritualmente se aleja mucho de la definición de soberbia que es creerse por encima de los demás. ¿A qué se referirá?
Incluso un sacerdote me dijo al contarle que me sentía un poco pobre, sin nada que ofrecer y tal, me decía que qué bonito era reconocer la falta que nos hacía Dios en nuestra vida, y como al Señor le gusta llenar nuestras manos vacías.
¡Qué contraste! ¿no?

Y entonces entendí que lo importante no era entregarle a Dios mis triunfos, mis actividades, mis oraciones, sino que lo que quiere el Señor es a mi, así como venga. Que entregue mi día a día, con sus cosas buenas o malas. En todo amar y servir. A los que tenga cerca o lejos. Poner amor en lo que hagamos. Y que mi riqueza sea Él, que me deje llenar por todo lo que venga de Él, con toda mi gratitud.

Ojalá este año que empieza sea capaz de reconocer los dones de Dios y de tener esa mirada al otro que camina a nuestro lado, ese preocuparme por un examen, por su salud, por su familia, por su ánimo. Porque el amor se demuestra amando, cada día, no cuando a mi me viene bien.

martes, 17 de octubre de 2017

Te quiero

Te quiero. Te quiero con tus silencios y cuando no paras de hablar. Cuando te acercas y cuando te alejas. Cuando te enfadas y cuando sonríes. Te quiero en tus días grises y en tus días de sol. Te quiero cuando te enfurruñas y cuando estás alegre. Te quiero con tus lágrimas y con el brillo en tus ojos. Te quiero cuando me miras y cuando me ignoras. Te quiero. Si, te quiero cuando metes la pata y cuando estás acertada. Te quiero con tus locuras y tus miedos. Te quiero con maquillaje y recién levantada de la cama. Te quiero cuando me gritas y cuando me hablas en susurros. Te quiero cuando vienes a pedir perdón y cuando vienes a darme las gracias. Te quiero cuando te crees genial y cuando crees que lo has hecho todo mal. Te quiero delgada y un poco gordita. Te quiero con el pelo corto y con el pelo largo. Te quiero cuando estás activa y cuando estás derrotada. Te quiero despistada y atenta a todo. Te quiero con tus dudas y tus seguridades. Te quiero arreglada y en chandal. Te quiero cuando me escuchas y cuando te haces la sorda. Te quiero en lo más humano. Te quiero cuando te mueres de vergüenza. Te quiero cuando te pones a la defensiva. Te quiero con cara de pilla. Te quiero con cara de pez. Te quiero cuando no quieres estudiar y cuando pides que te dejen en paz. Te quiero cuando estás inquieta y cuando estás seria.

Te quiero así, como eres. Entera. Única. Diferente. Con tus vivencias, con tu amor, con tus desengaños, con tus sufrimientos, con tus preocupaciones. Y si no eres capaz de entender que te quiero así, no vas a ser capaz de querer a los demás como son, como tú, con sus fallos y aciertos, con sus verdades y sus mentiras, sus miedos y sus seguridades. Porque los demás también tienen días grises y de sol, días de silencio y de búsqueda. Días en que ni ellos se aguantan a sí mismos.

A veces no entenderás, a veces dudarás, a veces tendrás que esperar. Pero no lo dudes, te quiero. Estoy en esa cruz que tanto admiras, dando la vida porque te amo. Sufro porque te amo. Pero te he dado la vida para que la vivas y para que cuando no puedas vengas a mi, que te espero. Yo que vivo, estoy dispuesto a empezar siempre de nuevo contigo. Quiero acariciarte, consolarte, decirte que todo va a ir bien. Yo que te quiero siempre y para siempre, yo. Vive, llora, sueña, pero sobre todo, ama. Ama como yo te amo, aunque a veces sufras, y cuando así sea, VEN.