martes, 22 de agosto de 2017

¿Por qué no

puedo vivir aquí?

Esta pregunta se la hacía una amiga en la playa de areas (Pontevedra) cuando en un par de horas iba a cogerse un avión a Madrid. Trabaja en Madrid.
¿Por qué no puedo vivir aquí?
Me imagino que esa pregunta también se la hace mi hermana ahora en verano, cuando está con 40ºC en Madrid.
Nos instauramos en la queja, en la morriña, en una temperatura agradable, en la familia y los amigos. Y en lugar de preguntarse por qué no puede vivir aquí, ¿no sería más lógico recordar lo que le ha llevado a marcharse?
Hay quien dice que se puede tener todo en esta vida, pero yo creo que no, que eso es una tiranía. En la vida hay que escoger, tomar decisiones y ser consecuente. Quieres vivir en una gran ciudad pero con las comodidades de una ciudad pequeña y a poder ser con playa y una temperatura genial. ¿Entonces que es lo que quieres? O eliges una gran capital con playa o eliges la ciudad pequeña. Todo no lo vas a tener.
Y entonces llega Agosto, toda España en fiestas. Y te vas al pueblo, o donde sea, y sales, disfrutas, ves a gente que hacía que no veías y la vida se torna fantástica. Todo son risas y abrazos, buenas caras y buenas intenciones. Te pasas el día en la calle, o comiendo, o en la playa, o de caña en caña, de verbenas o en la montaña. Y todo es fenomenal. ¿Por qué no puede ser así siempre?

Porque querida, eso no es la vida normal. La vida es monótona, la vida se mueve más es una escala de grises. El amor no es el flechazo del enamoramiento sino la construcción del amor día a día. La vida no son tus 15 días de vacaciones al año, son los 350 días restantes.
Por cada vez que vienes, hay gente que se pasa el año aquí con sus rutinas, sus historias, sus luchas diarias y que te hace un hueco porque solo vas a estar 15 días. Su vida no son los 15 días idílicos que habéis compartido, es mucho más de lo que tu igual no eres capaz de vislumbrar.
El jardín del vecino siempre parece más verde que el nuestro. Pero en lugar de mirar el jardín de al lado, deberíamos aprender de disfrutar del nuestro.

Lo bueno de Madrid, es que hay un montón de posibilidades que descubrir, verbenas tan interesantes como las del pueblo y gente que está exactamente igual que tu.

¿Por qué no podremos tener todos una vida ideal? Porque eso, amiga, no existe.
Igual llegará el día en que si encuentres trabajo aquí y estés viviendo aquí. ¿Y entonces que te faltará?

La vida al sol, saliendo y sin horarios está muy bien. Pero a mi dame mis rutinas, mis series y mis luchas diarias, que ahí es donde yo me juego mi existencia.

miércoles, 26 de julio de 2017

Espumas

Hay en mi parroquia de origen una mujer que no para de poner en facebook toda clase de cosas en contra de la parroquia, actividades y jóvenes parroquiales. Todo empezó porque le invitaron a marcharse de la administración de la página parroquial.
Últimamente no paro de leer como hace hincapié en las cifras de cuando ella era administradora. Mira las estadísticas, compara, YO lo hacía mejor, YO, YO, YO... y ataca con un: Tu niñata, tu que te crees, porque Tu, tu, tu, tu...

¡Qué fácil es señalar a los demás y regocijarse cuando uno cree tener razón!

Y aunque esta señora no me va a leer, me gustaría reflexionar sobre unas cosas...
En la página parroquial no hacemos proselitismo, solo se informa de las actividades parroquiales. No se trata de números. Se trata de informar.
En los ejercicios espirituales hablábamos de que lo importante era de que con qué corazón hacemos las cosas. Lo importante de poner amor en lo que hacemos. En eso nos jugamos nuestra vida, poniendo nuestro corazón enamorado del Señor al servicio de los demás.
También en estos ejercicios reflexioné sobre San Francisco de Sales, el salía a predicar y a veces solo le escuchaban las palomas, pero él salía siempre. Pues igual nosotros, habrá momentos en que nadie le de a me gusta o que nadie lo comparta, pero no por eso se deja de informar. No obtenemos ingresos de publicidad, solo queremos que la información esté disponible para quien le pueda interesar porque a todos los interesados le debería llegar lo que se hace en la parroquia.

Entonces a raíz de esto me pregunto... ¿con que intención estaba esta señora administrando la página? ¿por qué esa dedicación a la página? ¿vanidad? "Los números me avalan" ¿y el amor también te avala?

¿Y si en lugar de echar la culpa a los demás revisásemos nuestro corazón y nos diésemos cuenta del dolor y rencor que llevamos encima? Así a modo de empezar... Ni todo es culpa de los demás, ni todo es culpa nuestra.
Empieza a amar a la iglesia con sus contradicciones y sus pobrezas. Porque la Iglesia la hacemos todos y que yo sepa no somos perfectos. No estaremos de acuerdo con todo lo que pase, pero si se puede seguir amando a la iglesia.

Hoy me hablaban en Misa de la conversión por envidia, de ver como la gente es plena aun con dificultades. El contagio del amor por el Señor. El contagio de la alegría del Evangelio.
Señora, ¿y usted que está contagiando? ¿rencor? ¿ira? ¿nunca le han dicho que de lo que se siembra se recoge? ¿Que va a recoger usted?

Señora, ¡enamórese! Pero del amor del bueno, del que no exige y en cambio lo da todo. Del que no lleva cuentas del mal, del que no se enoja, sino que se alegra con la verdad. Señora, si no tengo amor, nada soy.

miércoles, 19 de julio de 2017

Amor

Si te quedas anclado en una percepción del amor como esa sensación tremenda, intensa, apasionante, romántica, que cuando te posee te vuelve loco, te sube al cielo y te hace cantar, entonces tendrás que perseguirlo cada vez que cambie de forma, resignándote a nunca poseerlo.

En la vida, ojalá, amas y eres amado. Y con toda la limitación que uno también tiene a la hora de amar.Sin mitificarlo ni darlo todo por supuesto. Y reconociendo sus muchas caras: amor que es pasión, que es sed, que es encuentro, que es proyecto, que es apertura, que es paciencia, que es dedicación.
Lo único que está en nuestra mano es amar. Dar, sin saber lo que recibirás a cambio. Ofrecer sin exigir. Muchas frustraciones y heridas arrancan de la exigencia asociada al amor. En realidad si fuéramos capaces de vivir el amor desde la libertad, ello nos haría muy dichosos. Sin estar atados a una respuesta, aunque podamos desearla mucho.
Tampoco el propio amor se impone a otros. Hay ocasiones en que ofreces tu tiempo, tu vida, tu cariño, tu amistad, tu compañía... y toca aceptar que alguien puede no querer compartir esa parte de tu vida. O no compartirla con la misma intensidad o de la misma forma. Y a veces nos tocará pasar página, decir adiós y seguir caminando, queriendo, quizás a distancia.

En definitiva, lo que está en nuestra mano es gastarnos con otros, por otros y en otros. Y por el camino encuentras -ojalá- respuestas, aprecio, ecos, abrazos, palabras. Pero al final lo único que de nosotros depende es nuestra capacidad y disposición de querer. Tengo todo el derecho del mundo a pedir y esperar respuesta, pero esa respuesta es libre. Lo que a nosotros nos toca es la determinación de querer bien a los otros. A justos e a injustos. A buenos y a malos. A listos y a necios. A guapos y a feos... Con todos los matices que la vida nos vaya poniendo, conscientes de que no hay dos relaciones iguales, y sabiendo también que eso no va a ser un amor bucólico y pastoril ni una negación de las dificultades propias del mundo de las relaciones. Pero una de nuestras mayores grandezas es esa disposición a amar gratuitamente, sin precio ni canje alguno.

Vamos pasando de ser queridos a querer. Quizá podemos querer precisamente porque hemos sido bien queridos. Ésa podría ser nuestra bandera. Querer como mejor sepamos. Poblar nuestra vida de nombres. Sin mitificar tampoco el amor ni esperarlo perfecto, pues nuestro amor es limitado, como limitados somos nosotros que amamos. Apostar por el amor generoso y gratuito, aunque a veces nos descubriremos suspirando por respuestas, abrazos o caricias que no siempre llegarán. Gritar y anunciar que es posible esa disposición a la entrega total, aunque a menudo nosotros mismos nos sabremos atrapados en nuestras mediocridades, nuestra incertidumbre y nuestros miedos. Exponer el corazón, aunque se te rompa un poco a veces. Amar. Día a día. Toda la vida.

La alegría, también de noche - José María Rodríguez Olaizola

sábado, 8 de julio de 2017

Como corriente

-¿ Me dejas decirte qué más veo? 
Ella lo miró con cautela. 
-Veo a una mujer que es más... real que cualquier otra que haya conocido. A tu lado, todas las demás personas que conozco resultan insustanciales, incompletas en cierto modo. Como sombras e ilusiones. Amaba a mi esposa, o más bien, como señalaste con tanto tino mientras estaba colocado, amaba la idea que tenía de quién era. Pero nunca estuvo tan presente para mí como estás tú. Nunca me he sentido tan atraído por alguien como por ti, y lo he estado desde el momento en que te conocí. Es como la diferencia entre..., entre leer sobre la gravedad y luego caerte por primera vez. 
Se miraron durante lo que parecieron horas pero bien podían ser minutos o incluso segundos. La mano de Daniel, que al principio solo le tocaba el pómulo con los bordes de las yemas de los dedos, empezó a relajarse hasta que le acunó la mandíbula en la palma. Le pasó el pulgar por el labio inferior con una presión tan leve que no estaba segura del todo de no haberlo imaginado. 
-Esto es completamente irracional a todos los niveles -susurró Alex.
-No me mates, por favor. 
Quizá Alex asintiera.
Daniel se llevó su otra mano al rostro de Alex, con tanta suavidad que no hubo ni un atisbo de dolor pese a sus cardenales. Era solo corriente viva, la sensación que debía experimentar una lámpara de plasma desde su interior.

La Química - Stephenie Meyer 

martes, 27 de junio de 2017

Perdonar y ser perdonado

A veces es fácil decir: perdón, lo siento. Y también es fácil perdonar: claro, no pasa nada.
¡Qué sencillo! ¿verdad? Las pequeñas faltas son fáciles de perdonar, igual que es fácil pedir perdón por ellas. Pero ¡ay de aquello que nos duele en lo más profundo!... Eso es otro cantar.

Quería contar en esta página una reflexión personal sobre la liberación del perdón, pero me está costando plasmar en palabras el dolor del sufrimiento y el alivio del perdón, cuando se perdona de corazón. Para remediarlo y encauzar esto un poco voy a citar a Joseph Ratzinger en Jesús de Nazaret.

¿Qué es realmente el perdón? ¿Qué ocurre en él? La ofensa es una realidad, una fuerza objetiva que ha causado una destrucción que se ha de remediar. Por eso el perdón debe ser algo más que ignorar, que tratar de olvidar. El perdón cuesta algo, sobre todo al que perdona: tiene que superar en su interior el daño recibido, debe como cauterizarlo dentro de sí, y con ello renovarse a sí mismo, de modo que luego este proceso de transformación, de purificación interior, alcance también al otro, al culpable, y así ambos, sufriendo hasta el fondo el mal y superándolo, salgan renovados. Pero antes de nada nos encontramos con los límites de nuestra fuerza para curar, para superar el mal. Nos encontramos con la prepotencia del mal, a la que no conseguimos dominar sólo con nuestras fuerzas.
Ya no vemos la profunda relación que hay entre todas nuestras vidas y su estar abrazadas en la existencia del Uno, del Hijo hecho hombre.
Superar la culpa exige el precio de comprometer el corazón, y aún más, entregar toda nuestra existencia. Y ni siquiera basta esto: sólo se puede conseguir mediante la comunión con Aquel que ha cargado con todas nuestras culpas.
La petición de perdón nos invita ante todo al agradecimiento, y después también a enmendar con Él el mal mediante el amor, a consumirlo sufriendo. Y al reconocer cada día que para ello no bastan nuestras fuerzas, que frecuentemente volvemos a ser culpables, entonces esta petición nos brinda el gran consuelo de que nuestra oración es asumida en la fuerza de su amor y, con él, por él y en él, puede convertirse a pesar de todo en fuerza de salvación.
Si a amar solo se aprende siendo amado, con el perdón creo que pasa algo parecido. Se aprende a perdonar siendo perdonado primero.
Y la ofensa duele. Duele por muchas cosas, porque igual nos toca nuestro ego o porque nos sentimos traicionados. Pero perdonar no implica olvidarnos del dolor. Tenemos derecho a que nos duela y a pasarlo mal. Pero también creo que recrearse en el dolor no es bueno porque nos impide avanzar.

jueves, 1 de junio de 2017

Eres aire


Eres Aire

Y ahora que empieza la cuenta atrás para un instante, esta canción me evoca tantas cosas... Ojalá sentir en un instante toda la eternidad y no se vaya todo por ser aire que no sabes de donde viene ni a donde va. Quiero que te quedes como estás, como caricia que venció a la pena.


Porque eres aire, a veces del mundo y a veces de nadie.

lunes, 3 de abril de 2017

Correspondencia

Hola, me encantaría hablar contigo porque me he acordado mucho de ti, pero no se como hacerlo, así que escribo aquí, a modo carta, aunque no lo vayas a leer.

Llevo poco en Madrid y estoy contenta, estoy bien, pero echo en falta las pequeñas cosas. Aun tengo que poner en orden mi vida, hacerme un horario y cumplirlo. Mis rutinas y mis cosas. Eso por lo que hemos estado luchando estos años y que tanto hemos hablado. Anímicamente estoy bien, eso lo sabíamos, pero estoy con morriña. Cuando estoy de bajón me acuerdo de las palabras que me dijiste la última vez que hablamos, que revisase como había llegado, como me iba y todo lo que había conseguido por el medio, que era capaz y que solo tenía que luchar por ello.
¿Te acuerdas que te dije que había una parroquia a la que no iba a ir? Pues como puedes imaginar, porque me conoces bien, es a la que estoy yendo. Ríete de mi, sabes que si me niego desde un principio al final acabo haciéndolo. Soy así. Además me pueden los recuerdos, en esa parroquia empezó todo esto.
Mi abuela te ha dicho que no me gustaba la parroquia. Y es cierto, la iglesia es feucha, pero lo importante no es como sea la iglesia, sino lo que guarda dentro. Y en esto estarás de acuerdo conmigo, no tiene nada y lo tiene todo.
La parroquia siempre está abierta para que puedas hacerle una visita al Santísimo, el día a día se puede resumir en misas a horas tempranas, exposición del santísimo, reserva al medio día y otra vez exposición y misas. Los domingos hay 3 sacerdotes confesando y se forma una larga fila en las misas. No ha habido misas a las que he ido en la que no haya gente esperando. Eso es lo que hace especial a esta parroquia, que guarda a un Cristo vivo en medio de la ciudad. Un Cristo dispuesto a recibirte y que te llama. No se cómo, ni porqué pero se nota cuando entras.
Puede que sea una iglesia de paso, un poco impersonal, en medio de una calle comercial, pero que esté tan arraigada en Jesucristo es lo que le hace tener un magnetismo distinto.

El domingo pasado me tocó a mi hacer un poco de espera, e iba como un flan. Pero el Señor siempre sorprende, es lo que he aprendido en estos años. Cuando entré al confesionario, me encontré un foco iluminando bien todo, a un sacerdote en una silla repanchingado y una mesa entre los dos con una pila de libros amontonados. Y me sentí un poco más en casa, no era una mesa camilla, pero el ambiente se le parecía. Romper el hielo no fue difícil, quizá me costó más ponerme en situación, antecedentes... Y el sacerdote ya empezó solo a hablar, y yo sonreía cuando en realidad me estaba leyendo la cartilla!!!
¿Sabes? No me dijo cosas muy distintas a las que tu me decías cuando nos conocimos... Es una pena perderme esos consejos, pero se que si alguien me entiende eres tu.
Lo cierto es que necesito a Dios en mi día a día, que si falto un domingo a misa, (o como dijo este sacerdote: Catequista le has dado un plantón a Dios de narices) la semana se me hace eterna, me faltan fuerzas y estoy de mal humor. Me dijo: encuentra la manera, todos los días, un ratito de venir aquí y estar con Dios (lo que me habrías dicho tu de poner en el centro de mi vida a Dios) Misa o junto al Santísimo. También me dijo que lo tuviera presente en mi estudio, quizá poniendo un crucifijo delante en la mesa. (En casa lo tenía colgado de la lámpara, lo recuperaré) Y me dijo que no solo le contase a Dios mi estudio, sino que lo hiciera partícipe de mi día a día.
Y así me disparó el Señor como siempre. Porque abrirme de nuevo al Señor cuesta. No porque no tenga confianza, no porque no crea en Él, o porque crea que no lo vaya a entender. Es que a veces cuesta por vergüenza. Me pongo esa túnica cualquiera, me maquillo, pongo buena cara y aquí no pasa nada, pero pasa todo. Y recuerdo tus palabras, no se puede hacer nada por el que no quiere ser ayudado.
No es algo que dejas en una caja olvidado en el trastero, sino que lo llevas contigo, como una mochila encima todo el rato, con el que duermes abrazado. Claro que el sufrimiento tiene una raíz de pecado, lo veo clarísimo, pero ¿como voy a curarme de algo que me niego a hablar?
Decías que lo mejor que se puede hacer cuando uno está mal es salir de uno mismo y darse a los demás, y precisamente lo que no quiero es compartir con nadie nada. No quiero escribir, no quiero compartir mi espiritualidad. Nada. No quiero que nadie se adueñe de lo mio.
Y aquí es cuando entra el silencio... A partir de aquí es todo lo que callo y duele. Y tu cara de: ¿y yo que quieres que te diga?
Nada, no hace falta que me digas nada. Porque la respuesta la tengo, pero cuesta sacarla y plantearla.

Y eso es todo. Un abrazo.