¿Quien soy?

¿Quien soy? Eso me preguntaba yo en el año 2010, cuando empecé el quinto año de carrera y lo supe en enero de 2011, pero son detalles en los que no voy a entrar.
Me llamo Icíar, soy Licenciada en Derecho, abogada no ejerciente (estoy colegiada) y estoy estudiando para aprobar la oposición de técnico de Hacienda.
Gallega de nacimiento, pero por mi cuerpo corre sangre vasca (no solo el nombre), cántabra, madrileña, supongo que castellanomanchega, catalana, aragonesa, francesa y creemos que sueca también. En definitiva soy del mundo.

Tengo un montón de defectos, más que virtudes. Mi madre dice que desperdicio los dones que tengo, y que voy a tener que rendir cuentas de ello cuando me muera. Pero no creo que ese argumento sirva para llevarme a la playa y querer verme enseñar hombros, piernas y escote. Que todo sea justificar el día de mi muerte el porqué no enseñé más cacha a lo largo de mi vida.

Otros de los piropos que me han dedicado son modosita, transparente, desordenada, soberbia, perezosa, listilla, egoísta, bocazas, obsesionada, provocadora... Que son mis defectos. No puedo dejar de poner susceptible, que lo soy y mucho.
Carezco de la capacidad de decir cosas buenas, que lo heredé de mi padre, por eso cuando me quejo de él, en parte también me quejo de mi misma y de mi nulas capacidades. Pero lo importante es darse cuenta e intentar cambiarlo.
Intento encontrar el equilibrio entre dejar espacio a los demás y no ser insistente. Pero cuando no es lo uno, es lo otro y siempre con la persona equivocada.

Dicen que carezco de autoestima, pero en realidad soy feliz. Y eso es una certeza que tengo y no me la pueden quitar. Eso no excluye que tenga días malos, que llore, que sufra o que no sienta. Ser feliz no es solo ser alegre, implica algo más, tiende a algo más grande, no está a merced de los sentimientos.

Busco un amor con tendencia a la eterno y que lo sienta de la misma manera. Todo un reto para los tiempos en los que vivimos, pero no pierdo la esperanza. No me conformo con menos, tampoco pido más.


Si eliges por encima de todo amar, no te conformes con menos.

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