sábado, 12 de septiembre de 2015

Besos

Todavía me debes un beso. Sí, el beso que nunca me has dado.
No el de los dos besos de cortesía. No un beso lanzado al aire con recochineo. No el de en la mano por fingido.
Quiero mi beso. Ese beso que me diga que te alegras de verme, o el que me diga que me has echado de menos. Da igual el cómo, el cuándo y sobre todo el dónde. Pero me lo debes y lo tengo anotado en mi lista de cosas pendientes.

Pero los besos no se piden, se ganan, como la confianza. Y creo que va siendo hora de que me lo des, aunque sea a traición o quizá para decirme adiós, pero ese beso que tienes guardado, mio es.

jueves, 13 de agosto de 2015

Romperse y entregarse

En nuestras vidas también hemos de rompernos, como ese pan que se parte. Romperse forma parte de todas las vidas. Es raro llegar al final sin cicatrices, porque muchas veces pondremos en juego corazón, ilusión, deseos... En ocasiones, las cosas saldrán bien; en otras ocasiones, no tanto. No pasa nada si alguna vez se nos quiebran las esperanzas, las ilusiones, o si por el camino caemos y hemos de levantarnos, quizá algo más magullados. Eso sí, no cualquier golpe, cualquier sufrimiento o cualquier ruptura está justificado.
Tocará sufrir en la vida, claro que sí; pero que sea por el evangelio, es decir, por el amor que aprendemos en Dios, por la justicia que nace de las bienaventuranzas, por algo que merezca la pena.
Y al final, se trata de entregarnos. El pan que se parte se reparte después entre muchos. Eso es lo que cada vida puede ser. Un multiplicarse, en tiempo, en cariño, en ternura, en talentos, en creatividad, en búsquedas y miradas. Darse, a tiempo y destiempo. Sin racanear ni reservarse demasiado. Hay muchas maneras de entregarse. Las hay más visibles, y otras que pasan desapercibidas.
Jose María Rodriguez Olaizola- Los Forjadores de historias 

viernes, 31 de julio de 2015

Primeras citas

Hace poco tuve una primera cita en 9 años. ¿Qué digo? ¡En toda mi vida! Es una de estas ocasiones en las que te dan tantas explicaciones para dejar claro que no es una cita que ves clarísimo que es una cita, aunque luego te comportes como si no lo fuera, porque te han dejado claro que no lo es.
Fue una experiencia totalmente traumática para mi, pero oye, son cosas que una tiene que hacer en la vida de vez en cuando. Si te dedicas a coleccionar primeras citas seguro que para un libro da, así que por si no me saco las oposiciones...

Lo normal hubiera sido rechazar semejante invitación, pero siendo los tiempos que corren, con la edad que una empieza a tener, que te pidan una cita, pues a una le hace ilusión ¡qué narices! Hay que ser muy valiente para pedirle a una chica que no conoces de nada una cita, así de forma fría y obtusa, dando mil vueltas para que el rechazo sea menos doloroso. Hablando mal: hay que tenerlos cuadrados.

Y tengo que reconocer que soy mala, malísima. Si una sabe las cosas podría poner un poco de su parte y vale, puede que no lo hiciera, pero es que era una no-cita. Por lo tanto, mi lógica y sentido común me aconsejaba que me arreglara como un día normal sin ir demasiado tirada. ¿Qué me había hecho decirle que si a la no-cita? Pues el hecho de que no fuera una cita y que en principio no iba a parecer demasiado complicada la cosa. ¡Error! En mi vida no hay nada simple, creo.

Me aseguré de tener una vía de escape por si la cosa se torcía y menos mal. Quien dice vía, dice escopeta, pero eso es otro tema. Así que empezaré a relatar lo desastroso del asunto.

Para empezar la puntualidad. Llegó como media hora tarde, avisando a la hora que habíamos quedado. Al parecer había olvidado la ropa para cambiarse, se había hecho un esguince... Bueno, que llegó tarde, mal y arrastras y envuelto en una colonia demasiado fuerte. En las no-citas y citas se debería controlar la colonia como un punto esencial, el tema es otro asunto, pero en eso hoy no entraré, era una no-cita.

Segundo, el ánimo: "No, hoy no era el día". Me dieron ganas de contestarle: ni hoy, ni otro. Definitivamente no. Si llegas tarde, mal y arrastras por lo menos haz una broma, sonríe, no se, un poco de tu parte que YO si estaba puntual, quítale hierro al asunto, o posponla (se arriesgaba otra vez a un posible rechazo)

Tercero, la forma de relacionarse. Tengo cara, si me hablas a la espalda no me entero. Tengo ojos, si me miras cuando te hablo, mejor. Tengo tetas, pero si evitas mirarlas de forma descarada me haces un favor, a mi y a ti mismo. De nada.

Cuarto, el tema de conversación. Que me digas que no te gusta el cine español y no haber visto ninguna película de Amenábar tiene delito. Que me corrijas hablando de Gossip Girl no es una opción. Que no intentes justificar que has visto Gossip Girl porque Serena está buena, es sospechoso. Que digas que "miras" (es ver, por Dios es ¡¡¡ver!!!) Vis a vis porque te gusta la dulzura de la protagonista, también es sospechoso. Y no, no estoy loca por intentar transmitir a Cristo en mis catequesis, yo no madrugo un domingo para tocarme el ombligo. Que te metas con la forma de hablar de un amigo, muy amigo, tampoco ayuda al tema de conversación.

Quinto, lógica básica. Si sabes que soy catequista, que soy católica, que me mato haciendo cosas para los niños, que colaboro dentro de lo que puedo con mi parroquia, haz el favor de no meterte con mi fe.
¿Que por qué fue un desastre? ¿de verdad tengo que explicarlo más? Y eso que no me he metido en asuntos personales. En fin. Citas.

martes, 21 de julio de 2015

Tiempo ordinario

El tiempo ordinario nos recuerda el valor de lo cotidiano, lo habitual, de lo que no se puede adornar con ningún sello de excepcionalidad. No hay nada especial, al menos no lo hay de antemano, en estas épocas de la vida. Pero eso no quiere decir que sea un tiempo menos significativo o menos importante. Quizás al contrario. No deberíamos sacrificar lo cotidiano para perseguir constantemente lo extraordinario. [...] La realidad se mueve, a menudo, en escalas de gris, en momentos que son parecidos entre sí, en situaciones que parecen repetirse hasta la extenuación. Esto ocurre en el trabajo, en la vida familiar, en las relaciones de pareja, en la vivencia de la fe, en todos los hábitos con los que uno va construyendo sus rutinas. Tan horrible sería una vida en la que no hubiera espacio para la novedad, la sorpresa y lo especial, como una vida en la que, a base de querer vivirlo todo como fabuloso y único, no quedase espacio para la normalidad.
Ese es el valor del tiempo ordinario.
[...] 
La cara cotidiana de la historia es tan necesaria como la cara más destacada, que está hecha de episodios más excepcionales, épicos o significativos. Tal vez esta vida rutinaria no aparecerá en los manuales de historia, que consignarán tan solo las fechas memorables; pero la normalidad es la trama sobre la que se construyen momentos especiales. [...] 
Como ocurre en nuestras historias. Hay muchos días que son iguales que otros. Muchas horas que no dejarán huella y en las que, sin embargo, se irá definiendo también quiénes somos, a qué podemos aspirar, qué amor vamos a sembrar o qué huella dejaremos en la vida de quienes se crucen con nosotros. 
La fe tiene también mucho de cotidiano. No puede uno pasarse la vida zambulléndose en preguntas trascendentales o aspirando a vivencias intensas de todo lo que celebra.[...]
Ahora bien, del mismo modo que es importante valorar lo habitual y lo ordinario, es necesario que en nuestro mundo tenga cabida lo especial, lo distinto, lo nuevo. Una vida donde solo existiese rutina se parecería demasiado a una prisión. [...] 
Y es que, hasta en medio de la rutina, es importante que pueda tener entrada lo excepcional. Nuestro tiempo ordinario es un tiempo abierto a la novedad, a la sorpresa, a la posibilidad de que algo resulte diferente y quizá transgresor. Tan malo sería exigir una espiral de momentos únicos como instalarse con resignación en una vida en la que no cabe lo excepcional. Y es que, a veces, lo extraordinario surge en medio de lo cotidiano. Sin saber muy bien por qué. Un día que empieza como todos los demás y, sin embargo, hay en él un encuentro que te cambia la vida. Una conversión que suena familiar, en la que algo de lo que se dice te llega de un modo único, y ya no te lo puedes quitar de la cabeza o del corazón. [...] 
El tiempo ordinario, en definitiva, no es que no deje huella, porque sí lo hace. ¿Cómo no iba a dejarla, cuando es lo más duradero, lo más frecuente, lo que ocupa más días y donde se nos van, a menudo, fuerzas, energía y aconteceres? Deja huella, solo que es una huella más discreta y callada, menos explosiva... No es inolvidable, como lo puede ser un primer beso, la muerte de un ser querido, el primer trabajo que consigues o una declaración de amor con la que llevas tiempo soñando. Es, más bien, silencioso. Pasa sin que te des cuenta, en la sucesión de las horas y los días. No podrías definirlo como inolvidable, glorioso, terrible o fantástico. Es, más bien, sereno. Se pasa rápido o despacio, porque así es la subjetividad, y hay años que vuelan y otras temporadas que parecen transcurrir a cámara lenta, pero sin que puedas decir exactamente por qué es así. No hay, en el tiempo ordinario, fechas para enmarcar, fotos que poner en tu mesilla, acontecimientos que reseñar con letras de oro en el libro que vas escribiendo. 
Y, sin embargo, sin esos días más habituales, la propia historia no se sostendría, convertida tan solo en una montaña rusa sin armazón ni destino. Son necesarios en las historias de amor, en los relatos de una vocación, en los proyectos que te entusiasman al principio y a los que te acostumbras después. Son parte de planes y horizontes, de relaciones y compromisos. Sin ese espacio para la normalidad, estaríamos perdidos.
De ahí que sea tan necesario entenderse a uno mismo, también, en los días discretos.

José María Rodríguez Olaizola - Los forjadores de historias 

lunes, 13 de julio de 2015

Amor

Amar a alguien implica hacerte vulnerable. Implica saber que, si llega el momento de perder a esa persona, dolerá. Pero es que el amor es darle a alguien entrada en tu vida de tal manera que esa persona te emociona y te ilusiona, te llena y te cautiva. A veces son personas que forman parte de tu círculo vital, familiar, que, de algún modo, siempre han estado ahí. Otras veces es gente que va entrando en tu historia, y te implicas y comprometes con ellos. Gente que te conoce y te valora, te respeta y te quiere, y con quienes tú sientes algo parecido. Por ahí se va gestando el amor. Y el amor es hacerse vulnerable, porque implica que no poseemos a las personas. Podemos cuidarlas, pero no encadenarlas. Podemos quererlas, pero sin poseerlas. La gente a la que tenemos y queremos se nos puede ir. Eso puede parecer una faena y, sin embargo, es la cara y la cruz del amor. Quizá sería más cómoda la garantía de permanencia, pero probablemente lo incierto nos enseña a no dar por sentada a la gente. El sufrimiento es parte de la vida. No lo buscamos, no nos regodeamos en ello, ni mucho menos. Y si podemos evitarlo, lo evitamos. Pero la pregunta es: si para evitar el sufrimiento tuvieras que dejar de amar, ¿lo harías?
Los forjadores de historias - José María Rodríguez Olaizola 

miércoles, 8 de julio de 2015

Exigencias

A veces me viene un "no se que" de soberbia que me lleva por el camino de la amargura. Recuerdo unas palabras que escribí a una persona de mi confianza: "me merezco un reconocimiento especial por haber tenido tanta paciencia"; y me quedé tan a gusto, oye.

A veces me pongo chula y digo: ¿Que? ¡Que ya me va tocando! ¡Que estoy siendo muy buena! Y empiezas a enumerar, sacando pecho, las cosas que vas haciendo a lo largo del día, del mes, del año... Es muy humano querer nuestra palmadita en la espalda, nuestra medalla, nuestra galletita de recompensa. ¡Que estamos siendo buenos!
Y entonces empezamos con las exigencias. Me he pasado 4 horas escuchando a fulanito, además a este otro le he invitado ya a cenar varias veces, le he hecho un montón de regalitos porque sí, le doy cariño, me arreglo, le sonrío y soy amable. Ahora exijo (poner aquí lo que se quiera) ... ¿Perdón? Me recuerda un poco a un diálogo de la película El diablo viste de Prada en la que después, la protagonista se plantea un cambio de actitud:


"- Me gustaría que se me reconociera el hecho de que me mato intentándolo.
- Andy, seamos serios. No te esfuerzas. Tu solo te quejas. ¿Qué es lo que quieres que te diga? Miranda se mete contigo, pobrecita. Pobre Andy. ¡Despierta talla 38! Ella solo cumple con su trabajo.¿No sabes que trabajas en un sitio que ha publicado a los mayores artistas del siglo? [...] Lo que crearon era arte con mayúsculas porque vives tu vida en él.[...] Pero a ti, eso, te da igual, porque este lugar donde tanta gente se mataría por trabajar, tu solo lo haces para comer. Y quieres saber por qué ella no te besa en la frente, ni te da una estrella dorada por tus deberes al final del día. Despierta corazón."

En los ejercicios espirituales que hice en Marzo, me perseguía la misma frase: "Misericordia quiero y no sacrificio". Y tengo una entrada en borradores en la que me planteo, precisamente, sobre si el sacrificio va implícito en la misericordia como acto de amor o si por el contrario se trata como acto de espera de una respuesta también sacrificada. ¿Quien me iba a decir que iba a estar a estas alturas con la entrada sin publicar y volviendo sobre ello?

Dicen que es muy de la espiritualidad ignaciana revisar la vida, volver sobre las cosas y plantearse si se están haciendo las cosas bien y el por qué hacemos las cosas. Y una vez examinadas, pues ver si necesitas confesar cosas, arreglar asuntos torcidos, etc.

Entonces me planteaba si alguna de mis actitudes con los demás en los últimos meses han sido de sacrificio en lugar de misericordia, de espera en lugar de entrega gratuita. Y ahora, escribiendo estas líneas me he dado cuenta de he obrado mal y que de ahí se han derivado mis males. Y no viene de ahora, me di cuenta hace unas semanas por otro tema y no se, ahora he caído de la burra.
Y cobra sentido aquella reflexión de los ejercicios espirituales que me repetía: ¿será que me estoy esperando a mi misma y no a los demás?
¿No será que cuando estamos obrando excepcionalmente con los demás, estamos amándonos a nosotros mismos y por tanto no estamos siendo misericordiosos? Buscamos un amor que sea reflejo y grato con nuestro sacrificio en lugar de dejar que nos quieran tal y como somos, en nuestra pobreza y con nuestros defectos, con nuestra paciencia y sin ella.
Cuando realmente amamos, cuando relamente estamos trabajando para lo que amamos, no esperamos una respuesta, no estamos exigiendo que nos amen porque nos estamos esforzando. Sencillamente amamos.

¿Que es sacrificio cuando amas de verdad? Solo disfrutas de aquello a lo que amas, de como mejora, de como cambia, de como crece. No necesitas una contraprestación. De ahí mi error, dejé de disfrutar para empezar a exigir, pero nunca es tarde de rectificar.

martes, 12 de mayo de 2015

Fiarse

¿Confías en mi?


Todo empieza con una pregunta: ¿Me dejas estar en tu vida? Y esa es la puerta de entrada a la redención de la humanidad. Una chica que se fiaba de Dios. "¿Pero como va a ser eso?" y dijo: "Hágase en mi según tu Palabra".
En la noche más oscura, en la noche más larga, en la noche en que vio morir a su hijo en la Cruz, incluso en esas circunstancias siguió confiando.

domingo, 19 de abril de 2015

Pequeños grandes gestos

A veces el amor se define en una sonrisa, en una mirada, en un pequeño gesto. La alegría, la sorpresa, la emoción se junta en un segundo y lo llena todo de luz.
Hay momentos que lo cambian todo. Hay gestos que lo dicen todo.



miércoles, 15 de abril de 2015

Contradicciones

Ahora que se ha acabado la Semana Santa, no paro de darle vueltas a la idea de lo contradictorios que somos.Habrá quien incluso considere a la gente veleta y no sin razón.
A veces es muy difícil ser fiel a las ideas que se tienen por un montón de circunstancias. ¿Si no que nos llevaría a perjudicarnos a nosotros mismos en beneficio del bienestar de la otra persona? La compasión, la caridad, o la pereza, las dificultades pueden hacer difícil ser fiel al compromiso que nos hemos propuesto.

¿Que por qué lo pienso? Bueno, el viernes Santo se nos animaba a comprometernos con la Cruz de Cristo. A acercarnos, tocar la cruz, hacer un momento de adoración personal y comprometernos con Él. El sacerdote insistió en que lo hiciera quien estuviera realmente convencido y quisiera comprometerse a hacerlo. Y allí se lanzaron en masa, gente de todo tipo, a tocar la Cruz.

Lo difícil no es comprometerse, lo difícil es ser fiel al compromiso. ¿Pero a caso estamos nosotros capacitados para juzgar el corazón de las personas que se quieren comprometer? Aunque luego salgan por la puerta y le peguen una patada en la espinilla a su amigo del alma en broma, aunque luego miren de arriba abajo a la persona que tienen delante. ¿Quienes somos para juzgar el ánimo con el que esa persona se compromete?

¿A caso Cristo no nos da esa oportunidad de comprometernos con Él las veces que queramos? Como seres limitados que somos la tendencia no es a la perfección, sino a caer y pedir ayuda para levantarnos. No me imagino a Cristo negándonos esa ayuda. El mismo pueblo de Israel se acerca y se aleja de Dios continuamente. Y siempre Dios ha estado allí. ¿Entonces? ¿Cuantas veces hay que perdonar a tu hermano? ¿Cuantas oportunidades hay que darles a los demás?

Si fuéramos capaces de ver nuestras propias contradicciones, igual no juzgaríamos con tanta alegría al que tenemos enfrente. Menos mal que Jesús en su cruz y con su infinita misericordia nos perdona cada vez que nos acercamos a Él. Con Él las contradicciones siempre son más llevaderas.

jueves, 12 de marzo de 2015

Miedos III

"Ya nunca volvimos a ser, como en el pasado, uña y carne; y nuestras conversaciones se volvieron más esporádicas y menos afables de lo que habían sido entonces. El temor que albergábamos, tanto el uno como el otro, se convirtió en el tumor que, quedamente, sin prisa pero sin pausa, acabó del todo con nuestra vieja amistad".

Alfonso Fernández Pousada. "Tras el Oro de Jerusalén"

miércoles, 11 de marzo de 2015

Amor Propio

Amor Propio.
La naturaleza del amor propio y de este <<yo>> humano consiste en no amarse más que a si mismo y en no considerarse sino a sí mismo. Pero ¿qué hacer? No puede evitar que este objeto que ama esté lleno de defectos y de miserias: quiere ser grande, y se ve pequeño; quiere ser feliz, y se ve miserable; quiere ser perfecto, y se ve lleno de imperfecciones; quiere ser objeto de amor y de la estima de los hombres, y ve que sus defectos no merecen sino su aversión y su desprecio. Esta situación embarazosa en que se encuentra produce en él la más injusta y criminal pasión que es posible imaginar; porque concibe un odio mortal contra esta verdad que le reprende y le convence de sus defectos. Desearía aniquilarla, y no pudiendo destruirla en sí mismo, la destruye, en la medida de lo posible, es su conocimiento y en el de los otros; es decir, se cuida escrupulosamente de cubrir sus defectos ante los demás y ante sí mismo y no puede sufrir ni que se los hagan ver ni que se vean.

Es, sin duda alguna, un malestar lleno de defectos; pero es un mal todavía mayor estar lleno de ellos y no quererlos reconocer, porque esto es añadirles todavía el defecto de una ilusión involuntaria. No queremos que los demás nos engañen; no encontramos justo que quieran ser estimados por nosotros en más de lo que merecen; tampoco es, pues, justo que les engañemos y que queramos que nos estimen en más de lo que merecemos.

Por esto, cuando no descubren sino imperfecciones y vicios que efectivamente poseemos, es claro que no son injustos, porque no son ellos la causa de tales defectos; y nos hacen un bien, puesto que nos ayudan a liberarnos de un mal, que es la ignorancia de estas imperfecciones. No debemos enfadarnos porque nos conozcan y nos desprecien: porque es justo que nos conozcan  en lo que somos y que nos desprecien si somos despreciables.

He aquí los sentimientos que nacerían de un corazón lleno de equidad y de justicia. ¿Qué habremos de decir, pues, del nuestro, viendo en él una disposición completamente contraria? Porque ¿no es verdad que odiamos la verdad y a los que nos la dicen y nos gusta que se equivoquen en favor nuestro, y que queremos ser tenidos por distintos de lo que efectivamente somos?

He aquí una prueba de ello que me espanta. La religión católica nos obliga a descubrir sus pecados indiferentemente a todo el mundo: tolera que se esté escondido para todos los demás hombres; pero exceptúa uno solo, a quien ordena descubrir el fondo de su corazón y hacerse ver tal como se es. No hay más que este único hombre en el mundo a quien nos ordene desilusionar, y le obliga a un secreto inviolable, que hace que este conocimiento esté en él como si no estuviera. ¿Puede imaginarse nada más caritativo y más dulce? Y, sin embargo, la corrupción del hombre es tal que todavía encuentra dureza en esta ley; y es una de las principales razones que han hecho rebelarse contra la Iglesia a una gran parte de Europa.

¡Qué injusto y poco razonable es el corazón del hombre, que encuentra malo que se le obligue a hacer con un hombre lo que en cierto modo sería justo que lo hiciera con todos! Porque ¿es justo que les engañemos?

Hay diferentes grados en esta aversión por la verdad; pero se puede decir que en todos se encuentra en cierto grado, porque es inseparable del amor propio. Es esta mala delicadeza lo que obliga a los que se ven en la necesidad de reprender a los demás de buscar tantos rodeos y templar tantas gaitas para evitar razonamientos. Tienen que disminuir nuestros defectos, aparentar que los excusan, combinarlos con elogios y testimonios de afección y de estima... Y con todo ello, esta medicina no deja de ser amarga para el amor propio. Toma de ella lo menos que puede, y siempre con disgusto, y muchas veces hasta con un secreto despecho contra los que se la presentan.

Sucede por esto que, si se tiene el menor interés en ser amado por nosotros, se evita el hacernos un favor que se sabe nos es desagradable; se nos trata como queremos ser tratados; odiamos la verdad, y se nos oculta; queremos ser adulados, y se nos adula; nos gusta engañarnos, y se nos engaña.

Es lo que hace que cada grado de buena suerte que nos eleva en el mundo nos aleje más de la verdad, porque se tiene más reparos de herir a aquellos a cuya afección es más útil y cuya aversión es más peligrosa. Un príncipe podrá ser la fábula de toda Europa, y será él el único que no la conoce. No me sorprende: decir la verdad es útil para aquel a quien se dice, pero desfavorable para aquellos que la dicen, porque se hacen odiar. Ahora bien: los que viven con los príncipes prefieren sus intereses propios a los del príncipe a quien sirven; y por esto no se preocupan de procurarle un beneficio perjudicándose a sí mismos.

Esta desgracia es sin duda mayor y más frecuente en las más grandes fortunas; pero las pequeñas no están exentas de ella, porque hay siempre un interés en hacerse amar de los hombres. Así, la vida humana no es sino una perpetúa ilusión; no se hace sino entre engañarse y entre adularse. Nadie habla de nosotros en presencia nuestra tal como habla en nuestra ausencia. La unión existente entre los hombres no está fundada sino en este mutuo engaño; y pocas amistades subsistirían si cada uno supiera lo que su amigo dice de él cuando él no está, aunque hable entonces sinceramente y sin pasión.

El hombre no es, pues, sino disfraz, mentira e hipocresía, tanto en sí mismo como respecto de los demás. No quiere que se le diga  la verdad, evita el decirla a los demás; y todas estas disposiciones, tan apartadas de  la justicia y de la razón, tienen una raíz natural en su corazón.

Blaise Pascal - Pensamientos.

jueves, 29 de enero de 2015

Locura

¿No es un poco ingenuo decir que hay que ser soñadores o idealistas?... ¿Y no será mejor ser licenciados, joviales y colegas? ¿Es mejor ser distinto o ser lo mismo? ¿No es más fácil la vida sin quimeras, con los pies en el suelo y la imaginación a raya? 

Cuidado con la pasión, bienvenida la estabilidad. 

Y si hay que creer en algo, ¿no es mejor creer en lo que veo: triunfo, euros, competencia, belleza, seguridad, que en lo que se escapa: amor, riesgo, compromiso o incertidumbre?

Y, sin embargo, algo dentro de mí me llama a la locura, al sueño y lo imposible.
No es subirse a un trampolín y gritar para llamar la atención. No es hacer cosas pintorescas o chifladuras. No es ser un excéntrico, ni un necio. Es tener valores que uno intenta mantener, en el mundo en el que todo es relativo. Es no tragarse los mensajes que parece que hay que dar por supuesto: «Vive sólo para ti». Y en cambio intentar tocar el fondo de las cosas, dejar que te afecten de veras, aunque ello te suponga opciones arriesgadas. Es decir, con tus gestos y palabras, con tu vida, que crees en la humanidad como proyecto común, en el Reino de Dios como horizonte, en un Dios de tu misma carne y sangre...

Vivir no es únicamente conformismo o sensatez. No es nunca equivocarse, sino aprender.
Vivir es imaginar alternativas y apostar por ellas. Es ser distinto, y risueño. Es reír y arriesgar, y tropezar, y caer, y levantarse, y llorar, y volver a reír. Es buscarte y amar, arriesgarse a saltar en el vacío. Es formular un ‘vamos’ antes que un ‘pero’. Es preguntar ‘¿cuándo?’ en vez de un ‘es que...’ Es no ir a rastras, sino tirar del carro, de tantos carros como necesitan quien los empuje. Es grito y pasión.
Vivir es la rutina capaz de seguir admirándose; silencio que canta; es la alegría capaz de asomarse a la eternidad.

¿De donde saco esto? De pastoralsj. ¿Donde si no?

Repasos mentales

Estaba repasando mentalmente este último año, el 2014. ¡Que preciosidad de año! ¿A caso después de todas las lágrimas derramadas se puede decir que fue un gran año? ¡Si! Es más, debería de ser obligatorio decirlo.
Avancé un montón, aprendí un montón, disfruté un montón. ¿A caso una se puede quejar?
Pienso en todos los líos y malentendidos y malas noticias. Pero siempre hemos visto la luz al final del túnel. Hemos salido de la situación y eso es lo maravilloso, no estancarse en ese círculo de negatividad que no te deja avanzar.

Siempre que me dicen: "te pasabas el día en la iglesia" me cabreo. No tengo esa sensación. Y haciendo balance creo que empiezo a entender porque lo dicen. Uno puede estar de muchas maneras en la iglesia, puedes estar dentro, puedes estar dentro rezando o puedes simplemente estar ausente. Bueno pues yo no tengo constancia de haberme pasado las semanas, los días, las horas ahí dentro, más que nada porque yo no estaba por mí.
¿¡Que!? Pues eso, que no estaba por mi. Lo que quiero explicar es que mi idea de colaborar con mi parroquia ("Y hacer una declaración de principios" como dice la CEE) era precisamente dar testimonio. No soy una persona de pasarme el día en una iglesia, es más, me espanta. ¿Para que voy a pasarme el día en una iglesia pudiendo estar en casa haciendo otras cosas? He ahí la cuestión. Había unas conferencias muy interesantes, una vez al mes, llamadas Lunes (IN)diferentes y mi intención era transmitirlas vía redes sociales a nuestros seguidores. Muchas ansias de llegar a los demás, ganas de hacerlo y bloqueo por parte de superiores me impidieron publicar cosas. Muros en general. Es decir, que vas, te pasas las charlas tomando notas y luego no se publica (¡chupi!) Y todavía habrá quien se pregunte que es lo que me llevó a dejar el grupo de prensa. ¡Todo en general!

Dentro de esa teima mía de dar testimonió he colaborado activamente en el proyecto Centinelas de la mañana y su actividad Una Luz En La Noche. ¡Una locura! Si. Lo es, y cada día veo con más claridad la locura que es y que me planteo no volver a hacer. Se trata de despertar el deseo de evangelizar a jóvenes entre 20 y 30 años (así a ojo) y se sale a  la calle un sábado por la noche a invitar a la gente a que tenga un encuentro con Jesús, vivo, expuesto en el altar. Todo ello impregnado por el Espíritu Santo que te ayuda y te acompaña en tu labor esa noche (suena irónico, y si, efectivamente va con un poco de rentintín, pero sigue leyendo). Así dicho parece todo muy loco, pero yo que he pasado por todos los ministerios (la calle, acogida en la iglesia e intercesión) he visto como la gente realmente ha quedado tocada y no os puedo transmitir la sensación de estar de rodillas ante el Santísimo haciendo propia la oración de la persona que acompañas. ¡Es una pasada! ¡Y una locura! Que como he dicho,  me planteo no volver a hacer. Es que si no lo vives es muy difícil creerlo. Si detrás de esto no estuviera Cristo seguro que no funcionaría.

¡Lourdes! ¡Que me fuí de voluntaria a Lourdes! Con los enfermos si. Prueba de ello:


Lourdes es algo así como el Disney World para los católicos, culpa de ello la iglesia de detrás (ahí lo veis, yo no digo nada y lo digo todo)  Pero hacer un voluntariado es una pasada. Si, igual vas un poco de inocente haciéndote una idea de lo que te vas a encontrar y aun así te ves superada por la situación. No sabes como relacionarte con la gente que tienes delante y te encuentras con un montón de prejuicios. Más de 12 horas diarias con los enfermos, durante 3 días. Misas, oraciones, procesiones... Eres tu para ellos y ellos para ti. De repente el último día descubrí a Cristo en la mirada de un enfermo, como decía la Beata Madre Teresa de Calcuta y esa mirada de amor, durante un segundo, es suficiente para que te atraviese el alma y todo tenga sentido, porque en realidad ellos son los que te acogen a ti y te permiten compartir esos días con ellos. Es un regalo (un poco caro) pero un regalo. Vivir la fe desde el voluntariado es una aventura apasionante. ("Lourdes, un lugar para los hippies católicos, todo paz y amor" Yo lo veo como eslogan.)

Y por último, soy catequista. Un domingo. Por la mañana, A las 10:00. Si. Se lo que pensáis: 26 años y se dedica los domingos por la mañana a dar catequesis en lugar de dormir, ya,... Creedme, me duele más a mi que a vosotros. Y también a mis niños de 12 años. Es que aun por encima son de 12 años y con whatsapp y dentro de lo que cabe aun son buenos, porque me pilla a mi en su época y se la liaba mucho más al catequista. Son solo 10 diablillos. Bueno, todos no, tres chicas se portan bastante bien. Son mi orgullo, quieren lucirse en la iglesia, participar, sentirse mayores...
Con mi compañera catequista M. A. (para no dar mas pistas, con los puntos llega) no me entiendo muy bien, los chavales se pierden un poco con ella, pero impone respeto y bueno, algo ayuda. El crecimiento es mutuo. Dice de abandonar porque no damos catequesis, pero yo creo que resistirá.
¡Se fuerte M. A.!

Respecto a mi vida personal, como siempre ambigua. Creo que me voy acostumbrando. Y también los demás a mi. Así que en resumidas cuentas, tirando hacia delante.





lunes, 5 de enero de 2015

Sorpresas

A veces las personas te sorprenden, sobre todo aquellas a las que no sueles dedicarle el tiempo que igual les correspondería por derecho, es decir, por lo que se interesan por ti, por tu vida, que tienen interés en que no desaparezcas ni te encierres en tu caparazón cual tortuga, que deciden rescatarte cuando ven que empiezas a hundirte y volverte pequeñita. Esas personas, esos amigos.

Por ejemplo, alguien que te dice: "toma, te doy esto de color verde porque se que es tu color favorito". Y ya no es el detalle en sí, sino el hecho de que sabe cual es tu color favorito. Personas que te quieren secuestrar para un café, que te quieren invitar y no te lo dicen y cuando te dejas convencer por otra, te sueltan: "Ah! Así que si es por ella si, no? Me parece fatal". Y luego te invitan.
Y te preguntas: ¿Yo haría lo mismo con esta persona? ¿es recíproco?
Es entonces cuando descubres que no le dedicas ni un cuarto del tiempo que te dedican ellos a ti para preocuparte por su color favorito, o si han tenido un mal día. Ellos que escuchan tu verborrea soltada al aire, no para ser escuchada, sino a modo de desahogo porque las cosas siempre tienen que salir, y si, si tengo abandonado el blog es por algo.

A veces peco de orgullosa porque odio las invitaciones. No es el hecho de invitar en si, es todo lo que conlleva la invitación. Yo me pongo a hacer sumas y me encuentro que quedo contigo porque a) necesito hablar, b) tengo que desconectar, c) quiero pasar tiempo contigo, d) simplemente quería verte y ¿en serio quieres invitarme? ¿soy yo la que quiere quedar y eres tu quien me quiere invitar? No me salen las cuentas. ¿No te das cuenta que necesito yo más de ti que tu de mi y encima me invitas?
Pues eso, gente que no para de sorprenderte.