viernes, 5 de septiembre de 2014

Abrir la mirada hacia uno mismo

"El publicano conoce sus pecados, sabe que no puede vanagloriarse ante Dios y, consciente de su culpa, pide gracia. Se ve en relación con Dios. Ha puesto su mirada en Dios y, con ello, se le abre la mirada hacia sí mismo. Sabe que tiene necesidad de Dios y que ha de vivir de su bondad, la cual no puede alcanzar por sí solo ni darla por descontada.
Sabe que necesita misericordia, y así aprenderá de la misericordia de Dios a ser el mismo misericordioso y, por tanto, semejante a Dios. Él vive gracias a la relación con Dios, de ser agraciado con el Don de Dios; siempre necesitará el don de la bondad, del perdón, pero también aprenderá con ello a transmitirlo a los demás. La gracia que implora no le exime del ethos. Sólo ella le capacita para hacer realmente el bien. Necesita a Dios, y como lo reconoce, gracias a la bondad de Dios comienza él mismo a ser bueno. No se niega el ethos, sólo se le libera de la estrechez del moralismo y se le sitúa en el contexto de una relación de amor, de la relación con Dios; así el ethos llega a ser verdaderamente él mismo."

Jesús de Nazareth de Joseph Raztinger (Benedicto XVI)

¿Por qué este fragmento? Porque yo soy la primera que necesito misericordia. Ser cristiano no empieza por una decisión ética o moral, sino por un encuentro con aquel que nos ama primero. Y sólo a través de la bondad de Dios podemos ser nosotros buenos. No es ética, es amor.
Don recibido, don entregado. De eso se trata. ¿Cómo voy a saber perdonar sí nunca me han perdonado? ¿Cómo voy a amar a pesar del dolor si no lo han hecho conmigo? ¿Cómo voy a tener paciencia si conmigo no la han tenido? ¿Cómo voy a saber esperar sí no han esperado por mi?

Si. Estoy aterrada ante la nueva etapa que voy a comenzar, ¿y quien no lo estaría? Empiezo a pensar que voy a estar más respaldada de lo que pensaba y que si tengo que pedir ayuda, vendrán. En fin, que Dios nos ilumine a todos.