miércoles, 15 de marzo de 2017

Percepciones

Hace un par de días me acerqué a una tienda con intención de comprarme ropa. Ahora que me he mudado de ciudad ando un poco justa, puesto que he decidido traerme lo que más uso para no ocupar espacio innecesario en mi pequeño piso.
No hay nada de raro en eso, ¿verdad?
El tema sin embargo es que hacía mucho tiempo que no iba de compras, sola, a mirar, a escoger, probar y finalmente comprar. Primero por comodidad, si no necesito nada con urgencia no salgo simplemente a mirar, segundo por el estudio porque no tengo tiempo y tercero porque no estaba a gusto con mi cuerpo.
En el último año he perdido 15 kilos. No se cuanto habré perdido de volumen, pero en peso eso. He estado haciendo dieta y cuando bajé lo más "gordo" me apunté al gimnasio a trabajar el cuerpo.
Esto me baja a la realidad, hay un hecho objetivo: ¿cual? Que mi talla es una 38. Lo se, he adelgazado, es lo que hay.
Hay algo que adelgaza pero que sigue estando ahí, el pecho. Soy, he sido y seré pechugona. Y eso amigos, te marca de por vida. Hay quien se viene arriba y decide lucir, y las hay como yo, que todo le parece excesivo porque todo le hace excesivo.
Así que en la tienda, a falta de tallas pequeñas, pensé: una talla grande de camisas no tienen porque estar mal. Y cogí tallas grandes de camisas, cogí la talla 38 de un pantalón y cuando fuí a coger otro, observé el pantalón de talla 38 y dije: eso no me entra.

No es la primera vez que me pasa, este verano cogí en otra tienda un pantalón minúsculo que ponía talla 38 diciendo lo mismo, que no me iba a entrar y al final me lo acabé comprando. Pero es que en verano aun seguía a dieta y ahora ya la he acabado. He ahí la diferencia.
Esta vez, cogí esa 38 que me parecía pequeña, cogí la 40 porque no quería dejar escapar ese pantalón y me fui al probador. Tocaba la prueba definitiva.
Lo primero era enfrentarse a la realidad, en cuanto me ponga una pierna del pantalón seguro que no pasa del muslo. Y temerosa a enfrentarme a esa realidad de: "en esa talla no vas a entrar",me probé el pantalón que para mi sorpresa me entró sin problema.
Las camisas grandes, en realidad me quedan enormes y al final tuve que comprarme la pequeña de una de ellas.

Y todo esto que os he contado, ¿para que? Para deciros que muchas veces tenemos que cambiar la percepción que tenemos de nosotros mismos. Que las tallas no nos hacen a las personas, y que por mucho que adelgacemos o que aparentemos, lo que está fuera no nos representa.
No soy una chica delgada y creedme, en mi cabeza nunca lo seré, aunque no me obsesione el tema. No soy la cara sonriente de mis fotos, simplemente he aprendido a posar.

Ahora que es Cuaresma, me quito una de mis máscaras. La "seguridad" y "felicidad" que te da adelgazar 15 kilos. Si ya era insegura, igual ahora lo soy un poquito más. Y feliz, siempre he sido feliz, quizá lo que más me duele son esos comentarios que no van con mala intención pero que son hirientes como: ahora que has adelgazado vas a ligar un montón, parecía que te había tragado un dragón y que te ha soltado, antes estabas secuestrada por tu peso...
El peso no es ningún impedimento para ser quien quiero ser. Le guste a quien le guste, le pese a quien le pese.

Mientras todos ven que estoy delgada o guapa o que estoy bien, estaré en un probador, con unos pantalones de mi talla en la mano cogiendo aire para tranquilizarme si al final no me entran. Porque que tengas que coger una talla más, no, no es una desgracia.

jueves, 9 de marzo de 2017

Ilusion

Ilusiónate de nuevo. Sí, hazlo. Porque si no lo haces no tendrás una razón para vivir.
Igual tenías un proyecto a largo plazo, y a medida que pasan las horas, los días, los meses, los años... parece que te cuesta más. Que la meta no está tan cerca como pensabas y que tus fuerzas se van cayendo como tu estado de ánimo.
Pues no te rindas. Busca el mismo proyecto pero por otro camino, que te devuelva las ganas de luchar por él, con el que vas viendo que avanzas poco a poco y que te hace luchar por él.
No renuncies a ese sueño o a esa meta. Esas son las victorias que cuentan. El final será genial, porque será un nuevo comienzo. Pero el camino no es fácil, haz del camino pequeñas victorias diarias que no dejes que te desanimen, que te acercarán un poco más a la meta.
Aunque por el camino te distraigas, recuerda siempre a donde quieres llegar.
Encuentra esa ilusión. Encuentra esa pasión.

Y no paro de recordar las palabras de Arrupe:

¡Enamórate!
Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.
  • Pedro Arrupe, sj