lunes, 30 de enero de 2012

Perdonar

"Cada día, cuando hago mi examen de conciencia me pregunto si soy capaz de perdonar. Es muy difícil perdonar (sobre todo sin que te lo pidan), pero me es necesario hacerlo. El perdón no es una obligación, no es el olvido, no es una expresión de superioridad moral ni es una renuncia al derecho. El perdón es un acto liberador. Perdonar es ir más allá de la justicia. Esforzarnos en plantear el perdón, en proponerlo y hablar de él es invitar a ser cada vez más persona"

via: http://religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=20292

lunes, 16 de enero de 2012

A su ritmo...

A veces se me ahoga el pecho, el corazón se me encoje y decide seguir su propio ritmo. Rie, llora, se estremece por su cuenta. Siempre a su ritmo.
Hoy es uno de esos días en que le preguntas: ¿estas bromeando? y lo peor es que me responde: Tu sabrás.

No son buenas fechas, el tiempo pasa demasiado rápido y a veces en lugar de hacernos olvidar, nos hace recordar. A veces de manera tan vívida que parece que estas de nuevo en esa misma situación. Aunque todo ha cambiado, absolutamente todo. No hay nada de aquella situación anterior, ni si quiera tu misma, porque la persona que eras, ya no está.
La vida, se asemeja simple y compleja a la vez. Los valientes eligen, los demás nos dejamos llevar.

Ojala fuera valiente, ojala pudiera decir las cosas claras y jugar con las cartas encima de la mesa. Pero no lo soy, ni si quiera para decirlo en voz alta, ni en susurros, ni de ninguna otra manera que pudiera conllevar un sonido. Ni por gestos, ni por escrito. Ni si quiera a una persona anónima.

Si pudiera congelar el tiempo y volverme cenizas y deshacerme cuando sople el viento que nadie sabe donde habita. ¿Y si pudiéramos ser algo más que polvo y energía? ¿La luz de dos estrellas extinguidas? Si no fueran nuestros sueños pesadillas y todos los deseos utopías, volvería en un acto total de rebeldía...

Pasaremos de largo por este momento, a ver si vuelve a la normalidad. Lo dicho, yo no soy una valiente; solo me dejo llevar.


viernes, 13 de enero de 2012

Sobrevivir

- Por eso sobrevivimos. Porque un día empezamos a olvidar. Y eso es lo que nos salva. Espero que no cometas el error de sentirte culpable por eso. El ser humano nace con el derecho a ser feliz, y ese derecho implica también una obligación. La felicidad es también una cuestión de voluntad, de perseverancia. Recuerda siempre que no hay nada de malo en querer estar vivo.

La vida después de Marta Rivera de la Cruz

martes, 10 de enero de 2012

Santiago de Compostela

No hay nada como perderse para poder encontrarse. Ni como irse para poder apreciar lo que has dejado atras.
Andando sobre esas piedras, solo recordaba, imaginaba y disfrutaba. Me deje seducir por aquel encanto que muchos han apreciado mucho antes que yo, incluso mis propios antepasados, aquellos peregrinos Europeos que, como dicen los libros de texto, a traves del camino, hicieron de Santiago una ciudad de riqueza cultural. Si, aquellos peregrinos que decidieron quedarse en Santiago. Establecerse en la tierra.
Sabe Dios lo que cada peregrino busca en el camino, y todos sabemos lo que encuentran al final: Santiago.

Estar en el casco antiguo de Santiago, es dejarse seducir por las piedras que tantos años llevan allí. Rara vez se encuentra una con un panorama tan bello. Un sábado templado y soleado del mes de Enero, primer día de rebajas y nadie por la calle. El casco antiguo de Santiago parece reclamar tu presencia.
Toda la ciudad invita a la calma. Hace que se detenga el tiempo.

En el campus universitario siguen los colegios mayores, incombustibles al paso del tiempo, cerrados por vacaciones, en silencio. El suave viento hace que las hojas del cesped se muevan a levemente. Observas las grandes explanadas y te imaginas a los estudiantes en primavera, tumbados a la sombra de un carballo con sus libros, planeando ser lo que ahora son.
Subes a la alameda, que tiene forma de herradura, y ves la robleda de Santa Catalina. Robles que tienen años, que han visto el paso del tiempo, impasibles, creciendo hacia el cielo y envolviendo con sus hojas los paseos. ¿Cuantos paseos habran dado los jovenes amantes del siglo XIX para conocerse con la carabina a una distancia prudencial? ¿O cuantos se habran parado a observar la belleza de la catedral desde ella? ¿Cuantos estudiantes habran tenido que huir de las garras de las Marias?
En uno de esos bancos que estan para poder observar con detenimiento las vistas sobre la catedral, se encuentra Ramón Maria del Valle-Inclan, en bronce, con su larga barba y sus gafas redondas. Donde lo más probable pasara tardes sentando pensando en lo que iba a escribir.

Entrando ya en materia, vamos por la calle del franco, nos dejamos llevar por sus piedras, desgastadas por la lluvia y los caminantes, nos perdermos entre los soportales que tan bien te resguardan de la lluvia, para encontrarnos con la antigua facultad de derecho, ahora ya completamente de Geografia e Historia. Damos un rodeo por detras de la catedral, observamos los muros del convento de las monjas Pelayas. Altos, con esas ventanas pequeñas con rejas que no tienen pinta de dejar entrar mucha luz. ¿A cuantos jovenes habran oido en las noches Santiaguesas? ¿Cuantas jovenes habran pasado por alli? Si te aventuras a la entrada, se observan grandes puerta de madera, con sus cerrojos antiguos. Un torno por donde das y te dejan los pasteles, y como unico elemento de modernidad un timbre.
Entrando en la Iglesia del convento, en la parte trasera se ven los dobles barrotes que separan la zona de las monjas, con sus sillas, como si de una curia se tratara. En lo alto, se observan pasillos con doble rejilla. No puedo evitar acordarme de una compañera de clase. ¿Cuantas veces en mi vida coincidire con compañeras que vayan a entrar a un convento? Se me encoge el corazón.
Sigo perdiendome por las calles de Santiago, nadie por la calle, si acaso dos personas mas. Esta vez ya al lado de la catedral, dependiendo de por donde mires, a la izquierda o a la derecha, el seminario de Santiago, con su escalinata, con su piedra.
Mientras bajamos hacia la plaza del Obradoiro, observando como cae el sol lentamente, una gaita rompe el silencio de la ciudad. Una paz me inunda y digo: Ay! Miña terra galega.
Es imposible describir la sensación del atardecer de enero, en una ciudad que desprende magia por los cinco sentidos, que te envuelve y te seduce, con una gaita sonando al fondo y el reclinar de las campanas de la catedral. Es imposible no estar allí e imaginar la misma situación hace 500 años.
¿Cuantas cosas habra visto Santiago? ¿Cuantas cosas le quedara por ver?

Ya en la plaza del Obradoiro, se puede observar con todo su esplendor la fachada de la catedral, donde el viento y la lluvia hacen de las suyas llenandola de musgo. Envejeciendola, llenandola de misterio y sorprendiendo a todo aquel que la mira por primera vez.
Dentro nos recibe el pórtico de la gloria, con los 5 agujeritos donde los peregrinos apoyan sus dedos y le dan un croquis al Apostol. Luego, al final de la nave, puede verse la figura del Apostol a la que se le da el abrazo. Debajo justo, la cripta.
Quiza le sorprenda al peregrino la austeridad de la catedral, sin muchos oros. Lo cierto es que lo que sorprende la catedral es la cantidad de gente que puede albergar, sus grandes techos y sus naves laterales. Las capillas cerradas con sus impresionantes imágenes. Y sobre todo, los sacerdotes que en los confesionarios estan dispuestos a reconciliar a todo aquel que se le acerque.

¿Que busca el peregrino? Solo él lo sabe.

Una vez más, Santiago me ha conmovido, me ha seducido y me ha convencido. Galicia siempre me llega al corazón. Y tu, ¿a que esperas a perderte por sus calles?

lunes, 2 de enero de 2012

El dolor II

De esto que estas leyendo un blog y ves que es el complemento perfecto a lo que has escrito hace unos días sobre el dolor. Así que me he dicho, voy a citarlo. El texto en cuestión es de un sacerdote: Javier Alonso. que escribe en esta página: http://www.javieralonsosandoica.es/
No dejeis de visitarla.
Entiendo de que primeras un texto de un sacerdote, que además habla de Dios no apetezca. Pero en serio, darle una oportunidad.
Gide juró que no podía creer en un Dios que se quedara impasible ante el dolor y la muerte de los niños.
¿Podemos poner un poco de luz en este dolor desde la óptica cristiana? De una cosa estamos seguros, y es que Dios no es el causante del mal físico ni del mal moral. Dios no se inventó la muerte, ni se entretiene lanzando enfermedades a diestro y siniestro. Su posición no es la de las deidades romanas, que echan mano de dos calderos, el de la ventura y el de la desventura, y derraman al azar su contenido sobre el mundo. Cuando Cristo ve una procesión con una mujer llorando por su hijo, que acaba de morir, él mismo se echa a llorar en tres momentos sucesivos. Cristo no soporta el sufrimiento, ve dolor y cura, donde hay lepra regenera… Por eso, ni siquiera entiende que acaben con él, “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”, “si he dicho algo mal, ¿por qué me pegas?”, “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”. Su actitud es de permanente desconcierto porque es la Inocencia absoluta. No sabe del mal, no entiende cómo deletrearlo.
Pero como el mal físico es un misterio del que no podemos escaparnos (nadie pasa por un campo de muertos con una rosa en la mano), Dios con su Encarnación nos ofrece la única manera de llevarlo adelante sin hundirnos: con Él. Como la otra opción es la desesperación, Cristo dice, “yo cogí la cruz, vente”. Por eso, más que escaparse de Herodes, Cristo retrasa su propio martirio de Inocente para que sepamos que con Él es posible sobrellevar el dolor de una manera bien distinta a la desesperación. Los inocentes de hoy nos recuerdan a los niños que mueren pronto, a los bebitos, a los abortos, a los que no les ha dado tiempo de pronunciar la primera risa y sin embargo están pegados misteriosísimamente a Dios.
¿Y por qué a veces unos se curan y otros no?, ¿por qué en ocasiones Dios parece dejar en suspenso las leyes naturales para librar a una persona de su cáncer y otras veces no? Pues no tenemos ni idea. Pero en inducción temeraria, Dios parece actuar directamente para producir más fe,¿crees que puedo hacerlo?”, “ve, tu fe te ha curado”. Es como si no hubiera venido a la tierra a hacer las veces de hada madrina que todo lo cura, haciendo brillar sus hechizos por donde pasa. Sólo quiere que el hombre se dé cuenta de que él es su razón de vida.